Visitando la Fundación Louis Vuitton para ver la retrospectiva en vida del maestro de la abstracción Gerhard Richter, me llevé también la sorpresa de descubrir que es un artista completo, ya que domina igualmente el lenguaje figurativo con una técnica sorprendente. Gerhard Richter nace en Dresde, Alemania, en 1932, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando los soviéticos ocupan Alemania del Este, donde aprende de moralismo y de arte fino en la Academia de Bellas Artes, donde genera sus primeras series figurativas y abstractas, jugando con la delgada línea entre ambos estilos de pintura. En 1961 se muda con su esposa Ema a Düsseldorf, donde trabaja sin parar en su atelier hasta 2017, participando en muchas exposiciones entre 2000 y 2016.
Explora sus estilos de dibujo figurativo, las capas de volúmenes de pintura y sus profundidades con “Studio Artist”, trabajando recuerdos cotidianos y sobre fotografías.
Me encontré con la serie “Blur”; la primera, “Flor”, es una pintura al óleo con mucho aceite de linaza que genera una percepción de fuera de foco. Esta línea de trabajo la desarrolló en las décadas de 1970 y 1980.
El maestro Gerhard Richter trabajaba en su atelier, “foto momentos de reflexión”, entre 1992 y 1999, entre espátulas, pinceles y su amada viga de madera, que arrastra para generar un movimiento infinito sobre la pintura, culminada con una impronta bien marcada que lo identifica.


Schädel, abstrakt (1983), de la serie Skulls, y Kerze (Candle, 1982) funcionan como un homenaje al memento mori. El carácter y la muerte son sentimientos encontrados que Richter explora hasta 1995, recordando los bombardeos de Dresde, Alemania.
En su regreso a lo figurativo, estas obras muestran un reflejo preciso de un cráneo y una vela, logrados con tal realismo que podrían considerarse pinturas hiperrealistas.
En su serie Los Glaciares, óleo sobre lienzo, Eis (Ice, 1981), Richter plasma su viaje a Groenlandia, donde se encuentra con paisajes de impresionante fuerza, combinando realismo con un aura de misterio y soledad desde la perspectiva del barco.
Una de las obras destacadas de esta serie es Davos (1981), que muestra la vista de las montañas al amanecer. Pintada al óleo sobre lienzo para una colección privada.
Esta es una de mis pinturas favoritas, si no la mejor que pude contemplar: Flasche mit Apfel (Bottle with Apple), de 1988, perteneciente a una colección privada. La obra destaca por su simplicidad aparente y la precisión con la que Richter logra capturar la forma y el volumen, transmitiendo al mismo tiempo una sensación de quietud y perfección técnica.
A partir de aquí, Richter retoma la abstracción, explorando la lucha y la fuerza del color, combinando el trabajo con pincel y el uso de la barra de madera que lo caracteriza en esta línea de pintura.
Una pieza clave de esta etapa es At Work on Painting Dom (Cathedral), de 1987, considerada el inicio de sus obras públicas para inversores privados.

El guía del museo, muy entusiasmado, hablaba de la época figurativa de Richter, de su blur orgánico y de sus paisajes del campo de Dresde, Alemania, fuente constante de inspiración. En estas obras, el artista representa lo cotidiano y lo simple, capturando la naturaleza con una perfección casi fotográfica.

Para finalizar el recorrido por los tres pisos de exposición, destacan sus obras de Abstrakten, caracterizadas por una gran riqueza de textura y una variedad impresionante de colores, donde cada capa refleja su proceso creativo y su experimentación constante con el gesto y la materia.
Hoy en día, Gerhard Richter continúa trabajando en su atelier en Dresde, Alemania, creando nuevas series y explorando materiales y soportes innovadores.
Mi personaje de Los Orígenes Tribales, llamado Mutanke, surge de la naturaleza abstracta en una pintura de gran formato titulada Bosque. En esta obra, mi personaje convive con una fotografía de mi reflejo, formando parte de su serie de juego de espejos.





























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