La Mesa Que Regenera: cuando la gastronomía también cuida el territorio

Una cena en el Jardín Escénico reunió gastronomía, agricultura regenerativa y cultura para hablar de un futuro alimentario más sostenible.

¿Qué hay detrás de un plato? Además de una receta, hay territorio, temporadas, conocimientos y manos que hacen posible que los ingredientes lleguen a la mesa. Esa fue la idea que atravesó La Mesa Que Regenera, una cena celebrada el 6 de octubre en el Jardín Escénico para inaugurar México por el Clima, en el marco de la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza.

La velada propuso mirar la gastronomía desde otro ángulo: no solo como una experiencia para comer y disfrutar, sino como una forma de acercarnos a la biodiversidad, la cultura y las personas que trabajan para conservar los ecosistemas.

Del campo a la mesa

El encuentro tuvo como anfitrión a Arca Tierra, proyecto de agricultura regenerativa que trabaja en Xochimilco con productores locales y en la recuperación del sistema tradicional de chinampas. Su propuesta parte de una relación más cercana entre quienes cultivan los alimentos y quienes los consumen, al tiempo que busca reconocer el valor del trabajo campesino.

Esa conexión con el territorio también estuvo presente en la cocina. Los chefs Santiago M. Moctezuma, de Maizajo, y Joaquín Cardoso, de Loup, participaron con propuestas construidas alrededor de ingredientes locales y del respeto por su origen.

Moctezuma llevó a la mesa su trabajo alrededor del maíz criollo y las técnicas tradicionales de nixtamalización, mientras que Cardoso presentó una cocina enfocada en productos locales y procesos más conscientes.

Más que una cena, el encuentro funcionó como una conversación a través de los alimentos: ¿qué comemos?, ¿de dónde viene?, ¿quién lo cultiva? y, sobre todo, ¿qué podemos hacer para cuidar los territorios que hacen posible nuestra alimentación?

Una mesa para hablar del futuro

Con la participación de The Climate Pledge, La Mesa Que Regenera reunió a cocineros, productores y personas vinculadas con la protección del territorio en torno a una misma reflexión: hablar del futuro de la alimentación también significa hablar de biodiversidad, agricultura y conservación.

La iniciativa México por el Clima busca precisamente llevar la conversación sobre cambio climático y naturaleza hacia acciones concretas, conectando a distintos sectores de la sociedad.

En este caso, el punto de encuentro fue la mesa. Porque antes de convertirse en platillo, cada alimento tiene una historia y un ecosistema detrás. Y quizá una de las formas más sencillas de comenzar a cuidar ese futuro sea volver a preguntarnos qué ponemos sobre ella.

Altanera celebra tres años y reafirma su apuesta por la cocina mexicana

Entre sabores que remiten a la memoria, una terraza con vistas a la ciudad y una cocina que apuesta por la identidad, Altanera celebra tres años en la Roma Norte.

Hay lugares que se visitan para comer y otros que terminan convirtiéndose en parte de la vida cotidiana de una ciudad. Altanera pertenece a esa segunda categoría. Desde hace tres años, el restaurante ocupa las alturas de Colima 161, en la Roma Norte, donde la cocina mexicana, la coctelería y una terraza abierta a la Ciudad de México se encuentran en un mismo escenario.

Al frente de la propuesta está el chef Gerardo Vázquez Lugo, quien ha construido en Altanera una cocina mexicana de sabores reconocibles, pero abordados desde una mirada propia. No se trata de hacer una cocina mexicana de postal, sino de trabajar con aquello que forma parte de su memoria gastronómica y llevarlo a una mesa contemporánea.

La carta reúne platos como guacamole con chapulines, esquites, quesabirria con caldo, chambarete en chile morita, pescado zarandeado y pastel de horchata. Preparaciones que hablan de México sin necesidad de explicarlo demasiado: el sabor aparece primero y el discurso llega después.

Cocinar desde la memoria

Para Vázquez Lugo, la cocina mexicana no parece ser una colección de recetas inamovibles, sino un territorio que puede seguir explorándose.

Esa perspectiva se reconoce en una carta que parte de ingredientes y preparaciones familiares para construir una experiencia que funciona tanto para quien busca reconocer un sabor conocido como para quien llega dispuesto a descubrirlo por primera vez.

El resultado es una cocina generosa, pensada para compartir y, sobre todo, para acompañar la conversación. Porque en Altanera la comida parece ser apenas el comienzo de algo que continúa alrededor de la mesa.

Una terraza para mirar la ciudad

La experiencia cambia cuando se levanta la mirada. Desde Altanera, la Roma se convierte en parte del escenario. La terraza aporta una dimensión distinta al restaurante: la comida puede comenzar a plena luz del día, continuar con un cóctel y terminar cuando la ciudad ya cambió de ritmo.

La barra acompaña esta dinámica con una propuesta de coctelería que también encuentra inspiración en ingredientes y sabores mexicanos. Es una extensión natural de una experiencia que no distingue demasiado entre comida, cena y sobremesa.

Y quizá ahí está uno de los mayores atractivos de Altanera: la posibilidad de que una comida no tenga que terminar cuando llega el último plato.

Tres años que también pertenecen al equipo

Celebrar un aniversario en gastronomía significa hablar de mucho más que un restaurante. Detrás de cada plato hay cocineros, meseros, anfitriones, proveedores y todas las personas que hacen posible que un servicio funcione. También están los comensales que regresan, los amigos que han acompañado el proyecto y quienes han convertido una mesa en parte de sus propias historias.

En tres años, Altanera ha construido precisamente eso: una comunidad alrededor de la comida. El aniversario, entonces, no es solamente una celebración del tiempo transcurrido. Es también una oportunidad para reconocer todo aquello que sucede detrás de un restaurante y que rara vez aparece en el plato.

Seguir cocinando, seguir recibiendo

Tres años después, Altanera parece tener claro qué quiere conservar: una cocina mexicana con identidad, una hospitalidad cercana y un espacio donde la gente pueda quedarse un poco más.

La apuesta hacia adelante no necesariamente pasa por cambiarlo todo, sino por continuar explorando una cocina que tiene sus raíces en México y que encuentra en la ciudad el escenario para seguir evolucionando.

Porque al final, hay restaurantes a los que uno llega por curiosidad, otros a los que vuelve por un plato y algunos a los que regresa simplemente porque se está bien.

Altanera parece querer pertenecer a esa última categoría.

Altanera
Colima 161, Roma Norte
Ciudad de México

Alexander Hotel: el lujo sereno que vuelve a conquistar a MICHELIN

En una ciudad donde la oferta hotelera de lujo no deja de crecer, hay propiedades que apuestan por llamar la atención y otras que prefieren hacerlo a través de los detalles. Alexander Hotel pertenece a la segunda categoría. Frente al Bosque de Chapultepec, en el corazón de la Ciudad de México, el hotel acaba de refrendar por segundo año consecutivo Una Llave MICHELIN, reconocimiento que lo coloca nuevamente entre las estancias más destacadas de la selección internacional de la Guía MICHELIN.

La distinción, más que un premio al exceso, reconoce una manera particular de entender la hospitalidad: arquitectura cuidada, servicio consistente, personalidad, relación calidad-precio y una conexión significativa con el entorno. En Alexander, esos elementos convergen en una experiencia de lujo contemporáneo que apuesta por la discreción antes que por la ostentación.

Una dirección privilegiada frente a Chapultepec

Ubicado en el segundo piso de Torre Virreyes, Alexander tiene una de esas ubicaciones que permiten vivir la capital desde una perspectiva privilegiada. El Bosque de Chapultepec se convierte en parte del paisaje cotidiano, mientras el skyline de la ciudad acompaña la experiencia desde las habitaciones y espacios comunes.

El hotel cuenta con 26 suites concebidas como refugios urbanos de amplias dimensiones. Mobiliario italiano hecho a la medida, ropa de cama de algodón egipcio de 600 hilos y baños revestidos en mármol son algunos de los elementos que definen sus interiores, donde la sobriedad funciona como hilo conductor.

Aquí, el lujo no depende de la acumulación, sino de la sensación de espacio, privacidad y comodidad.

El arte de hacer que todo parezca sencillo

Una de las características más interesantes de Alexander es precisamente aquello que no busca imponerse. El diseño combina materiales nobles, líneas contemporáneas y una paleta sobria que deja protagonismo a las vistas.

La misma filosofía se traslada al servicio. Un concierge disponible las 24 horas acompaña las estancias con una atención personalizada, pensada para responder tanto a las necesidades prácticas de un viaje de negocios como a los planes de quienes llegan a la capital para descubrir su escena cultural, gastronómica y urbana.

Es una forma de hospitalidad que entiende que el verdadero lujo también está en no tener que pedir dos veces.

Bienestar a la medida

La experiencia continúa lejos de la habitación. Alexander Spa y el gimnasio disponible las 24 horas amplían la propuesta de bienestar, con alternativas que pueden adaptarse al ritmo de cada huésped.

Yoga bajo solicitud, entrenadores personales, apoyo para sesiones de urban jogging y programas personalizados de wellness y fitness forman parte de una oferta diseñada para quienes buscan mantener sus rutinas incluso durante una estancia en la ciudad.

El resultado es una propuesta que no separa el descanso del bienestar, sino que los integra de manera natural.

Una mesa con acento internacional y producto mexicano

La gastronomía ocupa también un lugar central en la identidad del hotel. En Alexander Bar, la chef Ana Sophia lleva a la mesa una cocina contemporánea construida a partir de técnica francesa, influencias europeas y producto mexicano.

Su formación en Le Cordon Bleu y su experiencia profesional en Francia e Italia se reflejan en una propuesta donde la precisión técnica acompaña a ingredientes de alta calidad. La carta incorpora desde caviar hasta cortes Prime y reinterpretaciones de clásicos, siempre bajo una mirada contemporánea.

Así, comer en Alexander no funciona como un capítulo independiente de la estancia: es parte de una misma narrativa en la que gastronomía, diseño y hospitalidad dialogan entre sí.

Una Llave que reconoce la constancia

La Guía MICHELIN presentó las Llaves MICHELIN en 2024 como una distinción destinada a reconocer hoteles excepcionales a partir de cinco criterios: arquitectura y diseño interior, calidad y consistencia del servicio, personalidad y carácter, relación calidad-precio y contribución al entorno.

Para Alexander, recibir nuevamente Una Llave en 2026 significa algo más que sumar un reconocimiento a su trayectoria. La segunda distinción consecutiva pone el foco en la consistencia: mantener una determinada manera de recibir, cuidar los espacios y construir una experiencia que conserve su identidad con el paso del tiempo.

En una capital tan cambiante como la Ciudad de México, Alexander propone otra velocidad. Una en la que las vistas a Chapultepec, los interiores cuidadosamente diseñados, una cena bien ejecutada y un servicio atento son suficientes para convertir una estancia en una experiencia memorable.

Porque, al final, el lujo más sofisticado quizá sea precisamente ese: aquel que se siente, pero no necesita anunciarse.

Café Lapérouse lleva el art de vivre parisino a La Vallée Village

La histórica Maison parisina, fundada en 1766, abre un nuevo capítulo con un espacio concebido como una evocación contemporánea de París, donde gastronomía, arquitectura y hospitalidad acompañan la experiencia de compras de lujo.

Hay lugares que se visitan y otros que consiguen convertir una visita en una experiencia. La llegada de Café Lapérouse a La Vallée Village, cerca de París, pertenece a esta segunda categoría. La histórica Maison gastronómica, cuya historia comenzó a orillas del Sena en 1766, lleva ahora su particular interpretación del art de vivre francés a uno de los destinos de compras de lujo más reconocidos de Europa.

El nuevo espacio nace de una colaboración con Value Retail y representa, además, un paso importante para Lapérouse: es el primer concepto de la Maison desarrollado específicamente para un entorno de retail y el punto de partida de una estrategia de expansión internacional.

Pero más que hablar de una nueva dirección gastronómica, la propuesta invita a entender el lujo desde otro lugar: como una experiencia que continúa después de las compras, alrededor de una mesa, en una terraza parisina o durante una pausa acompañada de café, pastelería y conversación.

Un París imaginado

La experiencia comienza antes de sentarse a la mesa. Inspirado en un París reinterpretado desde una mirada contemporánea, Café Lapérouse despliega distintos ambientes que convierten el recorrido por el espacio en parte esencial de la visita.

Los característicos toldos azules de la Maison anuncian una terraza que evoca las grandes brasseries parisinas. En el interior aparecen salones luminosos, un espectacular Shell Bar, un gabinete de curiosidades, un jardín de aire romántico y un mural monumental de 15 metros de longitud.

La escenografía no pretende reconstruir literalmente el París del pasado. Su intención es más sugerente: tomar elementos reconocibles del imaginario parisino y mezclarlos con una sensibilidad contemporánea para crear un espacio que se sienta teatral, íntimo y, sobre todo, vivido.

Es una aproximación coherente con la historia de Lapérouse, una Maison que durante más de dos siglos ha convertido la gastronomía y la hospitalidad en parte de su identidad.

De Victor Hugo a una nueva generación

Fundado en 1766 a orillas del Sena, Lapérouse forma parte de la memoria gastronómica de París. Sus salones históricos han recibido a personajes como Victor Hugo, Marcel Proust, Émile Zola, Ernest Hemingway, Winston Churchill y Serge Gainsbourg, convirtiendo al restaurante en mucho más que una dirección para comer.

Su historia habla también de una tradición francesa en la que gastronomía, cultura, arquitectura y conversación forman parte de un mismo ritual.

Ahora, esa herencia se adapta a un público internacional y a una nueva forma de vivir el lujo. Café Lapérouse abre sus puertas desde las 10:00 horas y propone acompañar distintos momentos del día, desde el desayuno hasta el almuerzo, pasando por una pausa de café, el tea time o una bebida al final de la tarde.

Cuando cae la noche, el espacio adquiere una dimensión más privada, con posibilidad de organizar eventos y alquileres exclusivos.

Los clásicos de Lapérouse, en clave contemporánea

La propuesta gastronómica mantiene un vínculo directo con el ADN de la Maison, pero apuesta por una interpretación accesible y actual de sus grandes clásicos.

En la carta aparecen el œuf Lapérouse, el croque-monsieur, los rigatoni con trufa, además de postres emblemáticos y piezas de pastelería. Una selección pensada para acompañar tanto una comida como una visita más espontánea, sin convertir la experiencia en un ritual excesivamente formal.

Es precisamente esa flexibilidad la que permite que el café funcione como una extensión natural del día en La Vallée Village: un lugar para detenerse, reunirse y disfrutar de la gastronomía francesa sin necesidad de abandonar el espíritu relajado de una jornada de compras.

El lujo también está en la pausa

La incorporación de Café Lapérouse amplía la idea de lo que significa visitar La Vallée Village. El destino, que reúne más de 110 boutiques de firmas francesas e internacionales, suma ahora una dimensión gastronómica que complementa su propuesta de hospitalidad.

Personal shopping, concierge, atención personalizada, experiencias a medida y servicios para visitantes internacionales forman parte de un recorrido en el que la compra es solo uno de los elementos de la experiencia.

Con Café Lapérouse, ese recorrido incorpora una nueva pausa: sentarse a la mesa, contemplar la arquitectura, compartir una comida o simplemente disfrutar de un café en una terraza que parece transportar al visitante a otro París.

La apuesta tiene también una lectura más amplia. En un momento en que el lujo busca ofrecer experiencias capaces de trascender el producto, la combinación de gastronomía, patrimonio, diseño y hospitalidad adquiere un protagonismo cada vez mayor.

Café Lapérouse parece entenderlo bien. Su llegada a La Vallée Village no consiste únicamente en abrir una nueva dirección, sino en trasladar una parte de la historia parisina a un destino internacional y convertirla en una experiencia contemporánea.

Porque, al final, quizá el verdadero lujo no sea solamente encontrar algo excepcional, sino tener un lugar donde detenerse y disfrutarlo.

Ya viene Dinner in Pink, un encuentro culinario que reúne a grandes chefs por una causa

Hay cenas que se disfrutan por su propuesta gastronómica y otras que, además, dejan algo más en la mesa. Este 1 de octubre, Dinner in Pink regresa por séptimo año para reunir cocina, hospitalidad y solidaridad en una velada a beneficio de mujeres sobrevivientes de cáncer de mama.

Una mesa con talento femenino

El Hotel Marquis Reforma será el escenario de esta nueva edición, donde cinco figuras de la gastronomía unirán talento para crear un menú degustación inspirado en los matices del rosa.

Las chefs Pía Quintana, Mara Carrillo, Lucía Cañas y Mariana Valencia compartirán cocina con Josué Rodríguez, chef ejecutivo del hotel anfitrión. Juntos llevarán a la mesa una propuesta que busca celebrar la vida, la creatividad y la resiliencia de las mujeres a través de los sabores.

La cena forma parte de las actividades de concientización alrededor del cáncer de mama y propone una manera distinta de acercarse a esta causa: desde el placer de compartir una mesa y descubrir el trabajo de algunas de las mujeres que dan forma a la gastronomía mexicana.

Una cena que se convierte en apoyo

Detrás de Dinner in Pink existe un propósito que va más allá de la experiencia culinaria. Los fondos recaudados durante la velada serán destinados a Fundación Alma, organización que desde 2009 apoya a mujeres sobrevivientes de cáncer de mama mediante cirugías de reconstrucción mamaria y prótesis externas.

Bajo la dirección de la Dra. Rina Gitler, la fundación busca que la reconstrucción mamaria sea considerada parte integral del proceso de recuperación y no un procedimiento secundario.

De esta manera, cada platillo servido y cada participación durante la noche se suman a una causa que busca contribuir a la recuperación física y emocional de sus beneficiarias.

La subasta que pondrá a prueba a los invitados

La gastronomía será solo una parte de la experiencia. Durante la noche también se realizará una subasta con causa, nuevamente conducida por Memo Martínez.

Estancias de hotel, piezas de arte, viajes y experiencias especiales estarán entre los artículos por los que podrán pujar los asistentes. El atractivo de la subasta estará precisamente en esa posibilidad de convertir una experiencia personal en una contribución para alguien más.

A lo largo de sus siete ediciones, Dinner in Pink ha construido un encuentro en el que gastronomía, hotelería y solidaridad comparten espacio. La iniciativa de Food and Travel México parte de una idea sencilla: una buena mesa también puede ser un punto de partida para generar cambios.

En esta edición, la experiencia contará con el respaldo de Agua Franca, Anfitrión de Vinos, Dolores Premium, Goyo’s, EssilorLuxottica, Gapa Foodservice, Koblenz, Lillet L’aperitif, Mezcal Destreza, Persol y Tequilife, marcas que se suman a la celebración y al propósito de la noche.

El rosa como símbolo de una noche especial

El próximo 1 de octubre, el Hotel Marquis Reforma recibirá a chefs, invitados y aliados para una cena en la que el rosa será mucho más que un código de vestimenta o un elemento visual: será el hilo conductor de una experiencia dedicada a la concientización y al apoyo de mujeres que han atravesado el cáncer de mama.

Una noche para sentarse a la mesa, descubrir nuevas propuestas gastronómicas y recordar que, en ocasiones, compartir una experiencia también puede convertirse en una forma de ayudar.

Taxco llega a París: una semana para descubrir México a través de sus sabores

Del 3 al 10 de octubre de 2026, la ciudad guerrerense llevará a París una experiencia donde gastronomía, cine y cultura se encuentran para revelar una faceta menos conocida de uno de los destinos más fascinantes de México.

Hay ciudades que se conocen caminando. Otras, a través de sus edificios, sus paisajes o sus museos. Y están aquellas que también pueden descubrirse alrededor de una mesa. Taxco pertenece a esta última categoría: detrás de sus calles empedradas, iglesias y arquitectura colonial existe una tradición culinaria construida a partir de recetas familiares, productos locales y una memoria que se transmite de generación en generación.

Este octubre, esa identidad cruzará el Atlántico.

Del 3 al 10 de octubre de 2026, Taxco de Mis Sabores París 2026 llevará a distintos espacios de la capital francesa una interpretación contemporánea de la ciudad guerrerense. Durante una semana, restaurantes, chefs y proyectos gastronómicos mexicanos establecidos tanto en Taxco como en Francia unirán sus cocinas para crear cenas, degustaciones y encuentros especiales.

El proyecto adquiere un significado particular al desarrollarse en el marco de las celebraciones por el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia. Pero más que una celebración protocolaria, la propuesta busca generar un diálogo entre dos culturas con una profunda tradición gastronómica.

Una ciudad que también se degusta

Para quienes conocen Taxco por su extraordinaria arquitectura o por su tradición platera, esta será una invitación a descubrir otra dimensión del destino.

La gastronomía funciona aquí como una forma de viajar sin abandonar la mesa: permite acercarse a las historias familiares, a las costumbres y a los sabores que construyen la identidad de Guerrero.

La experiencia reunirá a más de una decena de chefs, cocineros y proyectos gastronómicos. Desde París participarán figuras como Hianeya González, fundadora de Mex’iik; Mauricio López, del restaurante Milpan, en Fontainebleau; Gina González, de El Sol Azteca, en Saint-Germain-en-Laye; Sebastián Martínez, de El Comal Taquería, y Jesús Lugo, representante de Hacienda Malinche.

Desde Taxco llegarán, entre otros, Mily Ríos; Luisa Quiñonez, de Casa Santa Lucía; Jibrán Chabolla, de La Concha Nostra; Arturo Nava Montoya, de Las Fuentes; Violante Ulrich, de Casa Spratling; Pamela Tavira, de El Pariente Taquería, y Mara Mora, del restaurante Santa Fe, un establecimiento con más de siete décadas de historia en la ciudad.

El encuentro permitirá que cada cocinero aporte su propia lectura de México, creando una conversación gastronómica que va mucho más allá de reproducir recetas tradicionales.

De Taxco a París, alrededor de una mesa

La programación se extenderá por distintos restaurantes y espacios de París y sus alrededores. El recorrido comenzará el 3 de octubre con Mex’iik, que recibirá al restaurante Verde Limón de Taxco, mientras Casa Santa Lucía llegará a El Comal Taquería.

Los encuentros continuarán durante la semana con La Concha Nostra en Mex’iik; Taquería El Pariente en El Sol Azteca; Restaurante Santa Fe en Hacienda La Malinche Paris, y, para cerrar, Casa Spratling se presentará en Milpan, en Fontainebleau.

Cada encuentro propone una aproximación distinta a Taxco: una ciudad que se expresa tanto en sus sabores como en las historias de quienes han convertido la cocina en una forma de preservar y compartir su patrimonio.

Cuando el cine también cuenta la historia

La gastronomía no será la única puerta de entrada a Taxco. La ciudad mantiene desde hace décadas una estrecha relación con el cine y ha servido como escenario para más de un centenar de películas.

Esa faceta cinematográfica tendrá un espacio especial durante la semana parisina con la proyección de Corazón de Plata, película mexicana de 2023 filmada en Taxco de Alarcón, Guerrero.

La cinta reúne cuatro historias de amor cuyos relatos tienen como escenario las calles y paisajes de la ciudad. Su presencia dentro de la programación refuerza una idea central de Taxco de Mis Sabores: el destino no es solamente un lugar que se visita, sino un territorio que puede conocerse a través de sus sabores, sus imágenes y las historias que ha inspirado.

La proyección tendrá lugar el 9 de octubre en la Fondation Maison du Mexique y será presentada por Naú Aguilera, productor de la película y director del Festival Internacional de Cine de Taxco.

Una nueva postal de México

En París, Taxco buscará desprenderse por unos días de la imagen tradicional de la ciudad colonial para mostrar una identidad más amplia: la de un destino donde la gastronomía, la artesanía, la arquitectura y el cine forman parte de una misma narrativa.

El resultado será una semana en la que México llegará a la capital francesa no como una postal, sino como una experiencia para descubrir con todos los sentidos.

L’Occitane lleva la esencia de la Provenza al mundo del helado

La lavanda y la almendra, dos ingredientes profundamente ligados al paisaje y al imaginario de la Provenza, abandonan por un momento el universo de la cosmética para llegar a uno de los placeres más sencillos: el helado.

L’Occitane en Provence y Mygyo se unen este verano en una colaboración que transforma la esencia mediterránea de la firma francesa de belleza en una experiencia gastronómica. El resultado son dos sabores creados especialmente para la ocasión: Lavanda y Almendra, disponibles del 17 de agosto al 18 de octubre de 2026.

La propuesta parte de dos ingredientes que cuentan una historia dentro del universo de L’Occitane. La lavanda, inseparable de los campos provenzales y uno de los símbolos más reconocibles de la región, aporta una lectura floral y aromática. La almendra, vinculada al paisaje mediterráneo, remite además a una de las líneas corporales más emblemáticas de la marca.

El encuentro con Mygyo lleva estos ingredientes a un terreno inesperado. Más que trasladar literalmente la identidad de L’Occitane al helado, la colaboración propone descubrir sus ingredientes característicos desde otro de los sentidos: el gusto.

La experiencia también plantea un recorrido entre ambos universos. Los nuevos sabores podrán encontrarse en 19 sucursales participantes de Mygyo y 19 boutiques de L’Occitane, con presencia en Ciudad de México, Querétaro, Guadalajara y Monterrey, además de los canales de comercio electrónico.

La alianza tiene, así, algo de viaje sensorial: comenzar con un helado de lavanda o almendra y continuar el recorrido en el universo de belleza de L’Occitane. Una manera distinta de acercarse a la Provenza, no a través de una postal de campos violetas o de un frasco de perfume, sino mediante una experiencia tan cotidiana como indulgente.

Porque algunas de las mejores formas de viajar también ocurren a través de los sentidos.

Castelani: un viaje al Mediterráneo que comienza en Polanco

En el corazón de Polanco, hay una mesa que invita a viajar sin necesidad de hacer maletas. Castelani toma como punto de partida los sabores de Sicilia y los lleva a un terreno contemporáneo, donde el producto, la técnica y una atmósfera relajada se encuentran para construir una experiencia gastronómica pensada para disfrutarse sin prisa.

La propuesta gira alrededor del Mediterráneo y, particularmente, de una cocina italiana en la que el mar tiene un papel protagonista. La carta recorre desde bocados frescos y ligeros hasta pastas artesanales, pescados, mariscos y preparaciones al horno que ponen en valor la calidad de los ingredientes.

El recorrido puede comenzar con los Boquerones Mediterráneos, marinados con vinagre, aceite de oliva extra virgen y perejil, o con el Carpaccio de Pulpo, donde el limón amarillo, el orégano y el alioli de ajo rostizado aportan diferentes capas de sabor. Los Mejillones Frescos de Baja California, cocinados al vino blanco con ajo, perejil y papa Saratoga, son otra de las propuestas que llevan el carácter de la cocina costera a la mesa.

En el Oyster Bar, el mar se convierte en el gran protagonista. Las Manitas de Cangrejo Moro destacan por la delicadeza y dulzura natural de su carne, mientras que las Almejas Castelani llevan una combinación más sofisticada: vinagreta de menta, perejil, aceite de trufa, masago y trufa fresca.

Pero si hay un capítulo que define la personalidad de Castelani, es el de las pastas. El Ravioli relleno de camarón y pimienta rosa, acompañado de salsa de anchoa y mantequilla, juega con notas suaves y salinas; mientras que el Tagliolini mantecado con Grana Padano, esencia de trufa blanca y trufa negra fresca apuesta por una interpretación más intensa y elegante, ideal para quienes consideran la trufa uno de los grandes placeres de la cocina italiana.

La inspiración siciliana también se hace evidente en los platos fuertes. La Pesca del Día Siciliana, con jitomates, aceitunas, alcaparras y papas, evoca las cocinas del sur de Italia y su relación natural con el mar. El Risotto con Mariscos Frescos, elaborado con vino blanco y aceite de oliva extra virgen, apuesta por una textura cremosa y un marcado perfil marino.

Para una experiencia más informal, pero no menos sofisticada, está la Pizza Castelani. Su masa madre sirve como base para una combinación de mortadela de pistache, miel de trufa y burrata, en un juego de contrastes que reúne notas saladas, dulces y cremosas.

Y porque la cocina mediterránea también entiende el placer de poner la mesa al centro de la conversación, la Fuente de Mariscos Castelani resulta ideal para compartir: camarones, almejas, ostiones y callo de hacha llegan juntos en una presentación que celebra la abundancia del mar.

El cierre puede quedar en manos del Pulpo a la Parrilla, glaseado con salsa de ostión y acompañado de coles de Bruselas, una preparación que mantiene ese equilibrio entre producto y técnica que recorre la propuesta del restaurante.

Más que una dirección para comer bien, Castelani funciona como un pequeño paréntesis mediterráneo dentro de la ciudad. Es el tipo de lugar que invita a sentarse, pedir una botella, compartir varios platos y dejar que la comida marque el ritmo de la conversación. Una propuesta para quienes encuentran en la gastronomía una forma de viajar y en una buena mesa, el escenario perfecto para quedarse un poco más.

Castelani
Emilio Castelar 107, esquina con Julio Verne, Polanquito, Ciudad de México.

 

El pozole se reinventa: Aquiles Chávez lleva cinco nuevas versiones a El Restaurante Palacio

El pozole es mucho más que uno de los grandes clásicos de la gastronomía mexicana. Es un platillo ligado a la celebración, a las reuniones alrededor de la mesa y a esos sabores capaces de evocar la cocina de casa. Este verano, esa tradición se convierte en punto de partida para una experiencia gastronómica que propone descubrirlo desde nuevas perspectivas.

Durante agosto y septiembre, El Restaurante Palacio recibe al chef Aquiles Chávez, al frente de Sotero, en Pachuca, Hidalgo, para presentar un festival dedicado por completo al pozole. La propuesta reúne cinco creaciones que recorren distintas regiones, ingredientes y formas de entender este emblemático platillo mexicano.

La colaboración llega además en una temporada especialmente vinculada con la gastronomía nacional: las celebraciones patrias de septiembre. “¿Quién nunca ha comido pozole? ¿Ustedes se imaginan un mexicano que no haya comido pozole?”, plantea Chávez al explicar el espíritu de esta propuesta.

Cinco maneras de descubrir el pozole

El recorrido comienza con una preparación poco convencional: el Ceviche pozolero de camarón y pulpo, una interpretación fresca que lleva el maíz pozolero al terreno de los mariscos. El plato combina camarón y pulpo con vegetales, cítricos, chile guajillo y limón, en una propuesta que juega con la tradición mexicana y la inspiración del ceviche peruano.

Para quienes prefieren los sabores del mar en una preparación más cercana al pozole tradicional, está el Pozole rojo de mariscos. El maíz cacahuazintle se encuentra con un caldo elaborado a partir de chiles secos y una selección de mariscos frescos, dando como resultado una versión de inspiración costera.

La propuesta continúa con el Pozole negro con frijoles, uno de los platos más particulares del festival. Chávez toma como referencia el frijol con puerco característico del sureste mexicano y lo transforma en un pozole de caldo oscuro de frijol, maíz cacahuazintle y carne de cerdo. El resultado apuesta por sabores intensos y una textura reconfortante.

Entre las recetas destaca también el Pozole blanco de mi casa, quizá la preparación con mayor carga emocional para el chef. Inspirado en el pozole que preparaba su madre, incorpora gallina, cabeza de cerdo y chamorro cocinados lentamente para conseguir un caldo profundo, acompañado de maíz y una salsa de chile de árbol con un toque de vinagre.

“Mi mamá lo hacía con gallina, con cabeza de cerdo y con chamorro. Imagínense estos dos animales, estas tres piezas de carne borboteando, sacando todo su juguito. No puede salir nada malo”, cuenta Chávez sobre la receta familiar.

El cierre llega en forma de postre con el Panqué de huitlacoche, una creación que parte de una idea tan sencilla como provocadora: si existe el panqué de elote, ¿por qué no llevar el huitlacoche a esta preparación? El panqué, de textura suave, se acompaña con helado de palomitas de maíz y notas de caramelo.

Una celebración de la cocina mexicana

Más que reinterpretar un platillo tradicional, el festival propone acercarse al pozole desde diferentes territorios gastronómicos, ingredientes y recuerdos. La colaboración entre Aquiles Chávez y El Restaurante Palacio encuentra así un punto de encuentro entre la cocina contemporánea y las preparaciones que forman parte de la memoria culinaria de México.

El festival estará disponible durante todo el mes de septiembre en las sucursales de El Restaurante Palacio de Antara, Centro Histórico, Coyoacán, Durango, Perisur, Polanco, Santa Fe y Satélite, además de sus ubicaciones en Querétaro y León.

Una invitación a celebrar la temporada patria alrededor de la mesa y, de paso, redescubrir uno de los platos más entrañables de México a través de la mirada de uno de sus chefs más reconocidos.

Central Hoteles convierte el Centro Histórico en el escenario de las Fiestas Patrias

Septiembre es uno de los mejores momentos para redescubrir la capital. Entre arquitectura, gastronomía y tradiciones, el Centro Histórico se convierte en el escenario perfecto para vivir México desde una perspectiva diferente.

Hay ciudades que se visitan y otras que se experimentan. La Ciudad de México pertenece a la segunda categoría, especialmente durante septiembre, cuando sus calles se llenan de color, aromas, música y una energía que convierte cualquier recorrido en una celebración.

Para vivir las Fiestas Patrias de una manera más pausada y cercana a la esencia de la capital, el Centro Histórico ofrece una de las mejores ubicaciones posibles. Caminar por sus plazas, descubrir edificios centenarios, detenerse a comer y regresar al hotel sin necesidad de tomar el automóvil permite experimentar la ciudad desde uno de sus escenarios más auténticos.

En este contexto, Central Hoteles reúne tres propuestas de hospedaje que comparten una misma filosofía: hacer de la hospitalidad mexicana parte esencial del viaje.

Dormir frente a uno de los grandes símbolos de México

Zócalo Central ocupa un lugar privilegiado frente a la Catedral Metropolitana y ofrece una de las postales más reconocibles de la capital.

Su rooftop permite contemplar el Zócalo desde las alturas, convirtiendo el paisaje urbano en parte de la experiencia. Durante septiembre, esta perspectiva adquiere un significado especial: desde aquí es posible observar el movimiento de una de las plazas más importantes del país y sentir, sin salir del hotel, el ambiente festivo que caracteriza al mes patrio.

El inmueble conserva el carácter de una construcción histórica, mientras que su renovación incorpora elementos contemporáneos. Pisos de madera, herrería y detalles arquitectónicos conviven con espacios diseñados para una estancia confortable.

La CDMX como destino para caminar

Para quienes prefieren que la ciudad sea protagonista del viaje, Histórico Central propone una experiencia estrechamente vinculada con la arquitectura y la historia del Centro.

El hotel se encuentra en un inmueble con más de tres siglos de historia, donde la arquitectura tradicional se encuentra con una propuesta contemporánea. Su ubicación también permite explorar algunos de los grandes referentes culturales de la zona prácticamente a pie.

Una de las maneras de hacerlo es a través de su walking tour por el Centro Histórico, un recorrido que conecta sitios como la Catedral Metropolitana, el Templo Mayor y el Palacio de Bellas Artes. Más que una actividad complementaria, caminar se convierte aquí en una forma de entender la ciudad: observar sus fachadas, descubrir sus plazas y dejar que cada calle revele una parte de su historia.

Una estancia práctica en el corazón de la ciudad

Canada Central & Rooftop completa la propuesta de Central Hoteles con una alternativa pensada para quienes buscan una ubicación estratégica para recorrer la capital.

A pocos pasos del Zócalo, permite tener al alcance restaurantes, museos, plazas y algunos de los principales atractivos del Centro Histórico. Su propuesta privilegia la comodidad y la practicidad sin alejarse del carácter de la zona.

Las tres propiedades comparten servicios orientados a facilitar la estancia, entre ellos conexión wifi, servicio a la habitación, opciones de alimentos y bebidas y alternativas de transportación. Algunas de las propiedades incluyen además desayuno, ideal para comenzar el día antes de salir a descubrir la ciudad.

Un septiembre para redescubrir México

Más que elegir dónde pasar la noche, hospedarse en el Centro Histórico durante las Fiestas Patrias permite plantear el viaje de otra manera.

La experiencia puede comenzar con un desayuno entre muros históricos, continuar con una caminata por calles que concentran siglos de historia y terminar con una cena de sabores mexicanos. Entre un momento y otro aparecen museos, mercados, restaurantes, plazas y edificios que recuerdan por qué esta zona es uno de los grandes corazones culturales de la capital.

Y es precisamente esa posibilidad de vivir la ciudad sin prisas la que convierte al Centro Histórico en un destino atractivo para una escapada de septiembre.

Este año, celebrar México puede significar algo más que asistir a una fiesta: puede ser despertar en el corazón de la capital, caminar por sus calles, descubrir su arquitectura y dejar que la historia, la gastronomía y la hospitalidad sean parte del viaje.

Central Hoteles propone hacerlo desde tres direcciones distintas, pero con un mismo punto de partida: el corazón de la Ciudad de México.