La arquitectura y el diseño atraviesan un momento de transformación en el que la sustentabilidad ha dejado de ser una tendencia para convertirse en una responsabilidad. Para Nadja Borrás Markovic, arquitecta con más de 25 años de trayectoria, el reto está en recuperar principios que durante siglos fueron esenciales para construir en armonía con el entorno.
Formada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Borrás Markovic ha desarrollado proyectos corporativos, comerciales, hoteleros, residenciales y de salud, además de mobiliario. Su especialización en diseño sostenible y bioclimático incluye un Diplomado en Diseño y Construcción Sustentable por la Universidad Iberoamericana y una Maestría en Arquitectura Bioclimática por la UNAM.
Su experiencia en proyectos de hospitalidad y estilo de vida, así como sus colaboraciones con operadores internacionales de hoteles de lujo y marcas gastronómicas, la han llevado a desarrollar una visión en la que el diseño no se limita a la estética, sino que debe considerar el impacto ambiental, social y cultural de cada proyecto.
Regresar a lo básico
Para Borrás Markovic, hablar de arquitectura sustentable implica, en buena medida, recuperar conocimientos que estuvieron presentes desde las primeras construcciones de la humanidad.
“La realidad es que de pronto la sustentabilidad se puso de moda. Y nos olvidamos que desde que nos fuimos a vivir a las cuevas, ya tomábamos en cuenta el clima”, explicó en exclusiva para Glits.
La arquitecta recordó que distintas civilizaciones aprovecharon durante siglos elementos como la orientación solar, los vientos, la ventilación y la captación de agua para crear espacios adecuados a las condiciones de cada territorio.
“Desde que somos seres humanos habitando el planeta, hemos considerado los elementos del clima. Y en algún punto de la historia se nos olvidó”, señaló.
En su opinión, el desarrollo tecnológico y la aparición de nuevos materiales durante la Revolución Industrial modificaron radicalmente la manera de construir, al tiempo que introdujeron una lógica cada vez más vinculada con la velocidad y el consumo.
“Yo creo que tiene que ver con la revolución industrial y con el surgimiento de los nuevos materiales”, comentó. A partir de ese momento, agregó, “todo se volvió un tema económico y todo se volvió un negocio”.
Ante este escenario, considera necesario recuperar una aproximación más consciente al diseño: “Tenemos que regresar a lo básico un poquito”.
Reutilizar antes que construir de nuevo
Uno de los planteamientos centrales de Borrás Markovic es que la regeneración también pasa por mirar de otra manera los edificios que ya existen. En lugar de continuar expandiendo las ciudades con nuevas construcciones, propone darles nuevos usos a espacios que ya forman parte del tejido urbano.
“Para mí ya no se necesita un hotel más, ni un cuarto de hotel más. Ya no se necesita un edificio más”, afirmó.
La alternativa, desde su perspectiva, está en recuperar inmuebles existentes y adaptarlos a nuevas necesidades.
“Tenemos millones de espacios y que algunos lo han hecho y se ha logrado”, explicó. Para la arquitecta, esta estrategia permite reducir el impacto asociado con nuevas construcciones y, al mismo tiempo, revitalizar zonas urbanas que han perdido actividad.
Esta visión también implica diseñar edificios más flexibles, capaces de adaptarse con el paso del tiempo a diferentes usos.
“Hacerlos como más flexibles, y eso te ayuda a darle un uso secundario”, dijo al referirse a la posibilidad de que una construcción pueda transformarse, por ejemplo, de oficinas a vivienda o de vivienda a hotel.
El diseño regenerativo va más allá del edificio
Para Borrás Markovic, el concepto de regeneración no termina en las paredes de una construcción. También requiere observar qué sucede alrededor y de qué manera un proyecto puede contribuir positivamente a su comunidad.
“Pensar qué pasa alrededor de donde estoy yo, y cómo puedo ayudar a que lo que está alrededor no se contamine”, explicó.
En un entorno urbano, esto puede traducirse en incorporar espacios públicos, áreas verdes o infraestructura que beneficie a quienes viven y transitan por la zona. En contextos naturales, en cambio, considera indispensable trabajar de la mano con especialistas que conozcan el ecosistema.
“Nosotros, como arquitectos y diseñadores, no sabemos esas cosas. No tenemos por qué”, reconoció. Su papel, explicó, consiste en coordinar distintas disciplinas: “Nuestra especialidad es ser el director de orquesta”.
Como ejemplo, recordó un proyecto hotelero realizado en Playa del Carmen, donde el diseño tuvo que adaptarse a la presencia de un manglar protegido.
“Tuvimos que construir alrededor del manglar”, relató. El proyecto también contempló la protección de especies que habitaban en la zona. Con el paso del tiempo, el propio ecosistema continuó creciendo hasta modificar la experiencia del hotel.
“Si el manglar creció más alto que el edificio, entonces ya hay habitaciones que van al manglar, que ya no ves el mar, y ya son habitaciones de selva”, contó.
La autenticidad como parte de la experiencia
En proyectos de hospitalidad y lujo, la arquitecta considera que uno de los grandes retos consiste en crear experiencias que sean auténticas y estén verdaderamente vinculadas con el destino.
Para conseguirlo, considera indispensable investigar la historia, las características físicas y la dimensión social de cada lugar.
“La autenticidad es súper importante”, aseguró. “Conocerlos a profundidad, entenderlos y tratar de preservarlos lo más posible junto con la gente que vive ahí”.
Borrás Markovic también cuestionó la tendencia de representar la identidad de un destino únicamente mediante elementos decorativos.
“Muchos se van a los mercados de artesanías y empiezan a comprar zarapes y sombreros y jarritos y entonces se vuelve Disneylandia”, criticó. “Eso no es la identidad, la identidad es una cosa real”.
Desde su perspectiva, la verdadera identidad de un destino surge de su historia, su comunidad, sus materiales, sus tradiciones y la relación que mantiene con su entorno.
Diseñar experiencias que transformen
La arquitectura de hospitalidad tampoco debería limitarse a crear espacios visualmente atractivos. Para Borrás Markovic, el objetivo es que el usuario pueda llevarse algo más significativo de su paso por un lugar.
“Lo que nosotros podemos ofrecer es justamente buscar esas experiencias que de alguna manera te transformen”, explicó.
El primer paso, dijo, es comprender profundamente a quienes utilizarán el espacio: “Tenemos que ser psicólogos, tenemos que ser sociólogos y tenemos que ser antropólogos y entender el entorno y el tipo de gente que está en el lugar”.
Su aspiración es que un espacio pueda generar un cambio, aunque sea pequeño, en quien lo visita.
“Que cuando tú llegues como usuario, te vayas, aunque sea un añito cambiado en algo en tu vida diaria”, señaló.
La responsabilidad detrás de cada proyecto
La arquitecta también hizo énfasis en que la sustentabilidad no es una cuestión exclusiva de los grandes desarrollos. Incluso una remodelación pequeña tiene consecuencias que deben ser consideradas.
“Un trabajo chiquito también, remodelar tu baño implica una serie de cosas que también tienes que considerar”, afirmó.
Desde los residuos y materiales hasta el ruido generado durante una obra, cada decisión tiene un impacto.
“También generas basura, también generas ruido”, explicó. Por ello, considera fundamental preguntarse qué sucederá con los materiales que serán retirados y buscar alternativas para reutilizarlos o darles un nuevo destino.
“Regálaselo a alguien, o usa las cosas, el menor desperdicio”, recomendó.
Para Borrás Markovic, la escala del proyecto no elimina la responsabilidad: “La escala da lo mismo, de verdad, en una bodega que en un megaproyecto”.
Una arquitectura que necesita diálogo
Finalmente, la arquitecta destacó la importancia de trabajar desde una perspectiva multidisciplinaria. En su experiencia, diseñar espacios de hospitalidad implica escuchar a profesionales de diferentes áreas y comprender sus necesidades.
“Lo que hacemos está impregnado de muchas otras cosas”, explicó.
Desde chefs y especialistas en gastronomía hasta expertos en arte, biología o las particularidades de un territorio, cada disciplina puede aportar información para enriquecer el resultado final.
“Siempre estamos ávidos de dialogar y de conocer los puntos de vista de las otras personas que se dedican a algo que parece que no tiene nada que ver, pero que tiene todo que ver”, afirmó.
Así, su visión de la arquitectura sostenible no se centra únicamente en construir de manera distinta, sino en cambiar la manera de pensar los espacios, recuperar lo existente y entender cada proyecto como parte de un ecosistema mucho más amplio. Para Borrás Markovic, el futuro del diseño no necesariamente está en hacer más, sino en aprender a hacer mejor y con mayor conciencia.
Nadja Borrás Markovic participó en la reciente edición de LuxuryLab ESG, donde formó parte del panel “Diseñando el futuro: arquitectura, hospitalidad y regeneración”, en su calidad de Directora de Diseño de Gensler México. Durante el encuentro, la arquitecta compartió su perspectiva sobre los retos que enfrenta la industria y la importancia de replantear la manera en que se diseñan y habitan los espacios, apostando por la regeneración, la reutilización de edificios existentes y una arquitectura más consciente de su impacto en el entorno.







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