Casa Elena, reconocida por su cocina cuidadosa y su profundo respeto por el producto, presenta un nuevo Menú Degustación de ocho tiempos que reafirma su visión: técnica precisa, ingredientes de temporada y una lectura contemporánea de la gastronomía mexicana. Pensado como un recorrido sensorial, el menú pone el acento en procesos minuciosos y en el juego de texturas —espumas, cremosidades y tersuras— que elevan cada plato y construyen una experiencia sofisticada.

El menú se articula como un diálogo constante entre producto y técnica, en el que ingredientes emblemáticos del país se reinterpretan con sutileza y elegancia.

Entre las primeras propuestas destaca la ensalada de huazontles, preparada con huazontles frescos, salmorejo, nopales curados, pepita de calabaza y amaranto. El plato celebra ingredientes milenarios de la cocina mexicana, integrando un guiño a la tradición española a través del salmorejo.

Le sigue poro y salvia, un plato que sobresale por su ejecución técnica: el poro se ahúma al alto vacío y se sirve con mantequilla de salvia y macadamias, logrando un perfil aromático y envolvente.

El taco de atún propone un bocado refinado y equilibrado, donde el atún fresco se acompaña de guacamole y un crujiente de wonton, combinando frescura, untuosidad y textura.

En el apartado vegetal, el pipián con vegetales presenta una reducción de vegetales acompañada de pipián jade, en una interpretación ligera y contemporánea que resalta la profundidad del maíz y las semillas.

El recorrido continúa con el crudo de trucha salmonada, servido con aguacate, espuma de tomate verde y aceite de albahaca. Un plato fresco y delicado que juega con la acidez, la untuosidad y notas herbales.

Con este menú degustación, Casa Elena consolida su propuesta como un espacio donde la cocina mexicana se expresa desde la técnica, la temporalidad y una sensibilidad actual, ideal para quienes buscan experiencias gastronómicas de alto nivel en un entorno cuidado y elegante.

El menú avanza hacia sabores más profundos con el short rib, protagonista de uno de los tiempos centrales del recorrido. La pieza se ahúma lentamente durante entre 10 y 12 horas y se finaliza con un adobo de chiles y demiglace, dando como resultado una carne melosa y llena de carácter. El plato es un reflejo del rigor técnico y del cuidado absoluto en la selección y tratamiento del ingrediente.

Antes del cierre, Casa Elena propone un limpia paladar pensado como un respiro fresco y lleno de matices. Incluye un sorbete de nopal con chile serrano y sal de gusano, acompañado de un delicado taquito de hoja santa relleno de fresas, gelatina de sambuca y limón amarillo, una combinación que equilibra acidez, dulzor y notas herbales.

El final del menú llega con trufa negra, un postre que sorprende por su complejidad y sutileza. Se trata de un risotto dulce con espuma de tonka, helado de trufa y vainilla, que conjuga una textura sedosa con una capa crujiente. Aromático y elegante, este cierre reafirma la versatilidad de los ingredientes y la sensibilidad técnica de la cocina.

La voz del menú: una nueva cocina mexicana desde Casa Elena

Para el chef Rubén Zárate, este Menú Degustación no requiere explicaciones extensas: cada plato habla por sí mismo. La propuesta es una interpretación personal de la nueva cocina mexicana, construida a partir de ingredientes cuidados desde su origen, cocciones prolongadas —como el short rib ahumado por más de 10 horas— y técnicas contemporáneas que buscan resaltar la identidad del producto sin disfrazarlo.

El menú degustación es, en esencia, una invitación a descubrir el lado más íntimo y técnico de Casa Elena: una cocina que observa, respeta y transforma, siempre con la intención de generar una experiencia que dialogue con la memoria, el territorio y la modernidad gastronómica.

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