A orillas del lago Lemán y con los Alpes como telón de fondo se erige este magnífico edificio en la ciudad de Ginebra, punto de reunión desde hace más de un siglo de algunas de las mujeres que han escrito la historia y convertido a Beau-Rivage en su hogar.
Destino predilecto de celebridades, diseñadoras, escritoras, aristócratas y herederas de las familias nobles más acaudaladas de Europa, este hotel atesora tantas leyendas y fuerza inspiradora que, como no podía ser de otro modo, se ha consolidado como el destino predilecto de las mujeres.

 

CHERCHEZ LA FEMME!
Beau-Rivage Genève no deja indiferente a nadie, menos aún a quienes aprecian el arte de la hospitalidad que, en este lugar fundado por Jean-Jacques Mayer, adquiere dimensiones solo equiparables a su personalidad: la impronta de cada residente se expresa en todos los rincones. Fue aquí donde Eleanor Roosevelt se hospedó para reflexionar en silencio y redactar uno de sus legados más importantes: la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

LA ÚLTIMA GRAN EMPERATRIZ
Eligió Suiza, país que visitaba con regularidad, para invertir sus riquezas. A menudo se alojaba cerca de Montreux y le gustaba pasear por las montañas. Aunque muchos visitantes famosos eran objeto de cotilleos en los periódicos locales, Sissi prefería mantener el anonimato cuando visitaba Ginebra, ciudad de la que se había prendado.
Viajar se había convertido en su escaparate durante las horas bajas y cuando deseaba alejarse de Viena y de la Corte. Beau-Rivage fue su última morada.
El equipo de conservación histórica del hotel exhibe varias de las pertenencias de la ilustre huésped en las vitrinas de la primera planta. Y así, entre aparadores, se encuentran guantes, tocados e incluso correspondencia personal de la emperatriz que fue popularizada por la actriz Romy Schneider, otra de las célebres clientas del hotel, junto a Grace Kelly, Marlene Dietrich y Angelina Jolie, entre otras.
 

EL LENGUAJE DE LAS FLORES 
Fue el poeta y diplomático francés Paul Claudel quien dijo: “Una flor no dura mucho, pero la alegría que brinda durante un minuto es una de esas cosas que no tienen ni principio ni fin”. Bajo esta misma línea de pensamiento, Karel, la florista de Beau-Rivage Genève, crea arreglos de tan exquisita factura que suelen considerarse propuestas artísticas que, si bien resultan efímeras, permanecen en la memoria de los huéspedes, quienes asocian la sensibilidad de esta creadora con la impronta estilística del hotel.

Beau-Rivage hechiza los sentidos y las flores –con su belleza indulgente o discreta, audaz o reservada– han sido y continúan siendo la más delicada tarjeta de presentación de un hotel que pertenece a ese exclusivo conjunto de lugares que cuentan historias destinadas a fascinarnos hoy, mañana y siempre.

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