La noche caía suavemente sobre el campo inglés, pintando de gris y azul la campiña que rodea Le Manoir aux Quat’Saisons, A Belmond Hotel. La brisa invernal acariciaba los árboles desnudos mientras una cálida bienvenida nos envolvía al cruzar el umbral de este refugio mágico.

Ubicado en el apacible Oxfordshire, este lugar, es más que un hotel con estrellas Michelin: es una oda a los sentidos, un encuentro con la perfección donde la hospitalidad y la gastronomía se entrelazan en un delicado vals.


Una bienvenida que se siente como hogar

Desde el primer momento, el equipo de Le Manoir nos recibió con una calidez impecable. Cada gesto, cada sonrisa, estaba cargada de un propósito: hacernos sentir parte de una historia, de un legado cuidadosamente tejido.

Mientras nos acompañaban a nuestra suite, la atmósfera del hotel se desplegaba como una novela francesa a pocos kilómetros de Londres, rica en detalles, con aromas de flores frescas y madera pulida.

Nuestra habitación, decorada con tonos suaves y tejidos lujosos, contaba con su propia árbol de navidad y una terraza que daba al jardín.

Desde la ventana, se podían divisar los senderos de grava que llevaban al huerto y más allá, hacia los terrenos donde nacen los ingredientes de los platos que han cimentado la fama del restaurante. Una pequeña bandeja de fruta fresca y una botella de champagne Veuve Clicquot reposaban sobre la mesa, como una bienvenida íntima y personal.

El corazón de la casa: la cocina

Tuve la fortuna de recibir una invitación a la cocina por el brazo derecho de Raymond: el también reconocido chef Luke Selby. En muchos restaurantes, este lugar es un templo inaccesible, pero en Le Manoir, es un espacio de creación abierto y lleno de vida.

Bajo la mirada atenta de los chefs, se desarrollaba un ballet coreografiado al milímetro: cuchillos brillaban bajo la luz, aromas de caldo y mantequilla flotaban en el aire, y cada platillo emergía con la precisión de un reloj suizo y la poesía de un maestro artesano.

Raymond Blanc, cuya energía vibrante resuena en cada rincón del lugar, ha impregnado este espacio con su pasión por la perfección y su amor por los ingredientes que respetan la naturaleza.

La cocina no es sólo el lugar donde se preparan los alimentos: es el alma de Le Manoir, un laboratorio donde el sabor y la técnica se entrelazan en armonía.

Una cena para recordar

La cena fue una experiencia que desafió todas las expectativas. Cada plato fue una exploración de texturas y sabores, un viaje diseñado cuidadosamente para sorprender y consolar al mismo tiempo. Además, todos los platos son perfectamente maridados.

Todo estuvo acompañado de una selección de vinos provenientes de una cava excepcionalmente curada.

La cava: un tesoro subterráneo

Visitar la cava de Le Manoir fue como entrar en un santuario. Los estantes se alineaban con botellas de Borgoña, Bordeaux y pequeños productores cuya historia se contaba a través de cada añada. Con la guía de un sommelier apasionado, descubrimos los secretos detrás de la colección: vinos que acompañan los platillos de Blanc con maestría, resaltando cada sabor y cada emoción.

Un paseo por el huerto encantado

A la mañana siguiente, el sol de invierno bañó el jardín con un resplandor tenue. Caminamos por el huerto, donde las hileras de verduras frescas y hierbas aromáticas descansaban bajo la escarcha. La filosofía de “de la tierra al plato” es más que un eslogan en Le Manoir; es la base de cada creación culinaria. Desde el jardín de hierbas hasta el invernadero de limones, el huerto es un recordatorio de que la gastronomía comienza en la tierra.

Explorando Oxfordshire

La cercanía a lugares icónicos como la Universidad de Oxford y Blenheim Palace hace que Le Manoir sea el punto de partida perfecto para explorar la historia y el arte de Inglaterra.

Belmond ha creado un universo donde el tiempo parece detenerse, donde el lujo no es sólo comodidad, sino una celebración de la vida en su forma más pura. Cuando finalmente dejamos el hotel, llevamos con nosotros no sólo el recuerdo de los sabores y los paisajes, sino también una sensación de plenitud difícil de describir.

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