Vivir el cúmulo de experiencias gastronómicas y sensoriales que ofrece The Cape, a Thompson Hotel es, sin duda, el resultado de una curaduría culinaria sólida y cuidadosamente ejecutada. El respeto por los productos locales y la trazabilidad de su origen solo es posible gracias al enorme conocimiento y visión de su equipo gastronómico.

Esa filosofía también se refleja en su propuesta de bebidas: destilados regionales, etiquetas nacionales e internacionales que enriquecen su cava y un proyecto de mixología que desafía la creatividad, permitiendo que los talentos detrás de la barra se expresen con absoluta libertad.

En The Cape, la experiencia sensorial alcanza su máxima expresión a través de sus múltiples propuestas culinarias. Sin embargo, vale la pena destacar, por partida doble, a sus dos restaurantes insignia: The Ledge y Manta.

The Ledge: una experiencia nocturna que reinventa los sabores de Los Cabos

The Ledge, restaurante insignia de The Cape, presenta una nueva etapa culinaria que redefine la experiencia de cenar en uno de los destinos más exclusivos de México. Más que un simple cambio de menú, se trata de una evolución donde gastronomía, diseño y atmósfera convergen para sublimar cada detalle en la mesa.

Con una visión renovada, pero fiel a su esencia, el restaurante apuesta por ingredientes locales y sustentables reinterpretados desde una mirada contemporánea de la cocina mexicana y latinoamericana. La experiencia se complementa con una vajilla artesanal cuidadosamente seleccionada para acentuar la estética de cada platillo y transformar cada servicio en un momento visual y emocional.

Al respecto, el chef ejecutivo Ari Reyes comenta:

“El nuevo menú de cenas ha sido diseñado para combinar sabores e ingredientes locales con una narrativa visual que se refleja tanto en el plato como en la presentación, creando una experiencia pensada al detalle”.

La carta cautiva desde el inicio con propuestas reconfortantes y sorprendentes, como la crema de chile xcatik con maracuyá o la sopa de coco con mariscos, esta última digna de aplauso.

Las entradas apuestan por el contraste de texturas y sabores: destacan los tostones de pulpo con salsa huancaína y camote confitado, así como el tiradito de totoaba con aguacate y vinagreta cítrica de habanero, anticipando una experiencia fresca y evolutiva en cada tiempo.

Entre los platos fuertes sobresalen el filete de res Prime con especias mexicanas y salsa de chapulín, así como la memorable totoaba en pipián, acompañada de puré de camote, pepita de calabaza y cremoso de haba verde; una oda a la pesca sustentable que deja esa sensación golosa de querer seguir degustando cada bocado.

El cierre dulce mantiene el nivel con creaciones como el tiramisú de café, la pavlova con frutos rojos y las texturas de chocolate con mezcal y naranja confitada, diseñadas para prolongar la experiencia más allá del último bocado.

Todo sucede en un entorno que encapsula la esencia de una casa de playa mexicana: hospitalidad relajada, diseño cálido y una vista privilegiada al Mar de Cortés que acompaña cada momento.

Con esta renovación, The Ledge reafirma su lugar como uno de los destinos culinarios imperdibles de Baja California Sur, donde cada cena se transforma en una experiencia inmersiva que celebra lo local, lo contemporáneo y lo verdaderamente sensorial.

Manta: donde el Pacífico se convierte en arte

Hablar de lujo sin estridencias es hablar de cocina hecha con producto, técnica y memoria. Eso ocurre en Manta, el restaurante que une el talento de Enrique Olvera, creador de Pujol, y Guillermo González Beristáin, alma de Pangea, para mirar de frente al océano Pacífico y recordar que el mar también define la identidad culinaria de México.

El concepto, desarrollado en conjunto con el chef ejecutivo Kent Kent, propone una carta que funciona como mapa y manifiesto: México, Perú y Japón dialogan con creatividad y disciplina, sin caer jamás en el folclor superficial.

El espacio, concebido por el arquitecto Javier Sánchez, combina concreto, madera y vidrio sobre un acantilado frente al icónico El Arco de Cabo San Lucas. En la terraza, marcada por el viento y el sonido del mar, se despliega una experiencia acompañada por la coctelería de Israel Díaz, quien ha construido alrededor de esta cocina costera un programa de barra tan sofisticado como sorprendente.

La experiencia inicia al atardecer, cuando el cielo se tiñe de naranja sobre el Pacífico. El recorrido gastronómico puede comenzar con un sashimi de atún aleta azul con ají amarillo, ajonjolí y wasabi, reafirmando la filosofía de la casa: producto impecable y sin artificios.

Después llegan propuestas como la ensalada de lechuga con rábano, aguacate, aceite de girasol y yuzu, donde Perú y Japón se encuentran elegantemente en Baja California Sur. También destacan la sandía con tomates heirloom, chamoy de jamaica y sal de gusano, así como el camote rostizado con mole de almendra.

Uno de los momentos memorables es el anticucho de pulpo a las brasas con mole mixe de pasilla oaxaqueño y mayonesa de chorizo, seguido por el taco de pescado tempura con col y tortilla de harina, un guiño refinado a la cocina callejera del Pacífico mexicano.

El cierre llega con un impecable lingote de pescado con salsa a la talla y una propuesta dulce compuesta por helado de maíz con caramelo de miso y un sticky rice con mango y sorbete de mandarina, donde lo dulce, lo salado y el umami dialogan con absoluta armonía.

La experiencia se acompaña con cocteles como el Manta Margarita, elaborado con sal de gusano y ceniza de totomoxtle, además de etiquetas del Valle de Guadalupe como Casa Magoni, Lechuza y Bruma.

En cada plato, Enrique Olvera, Guillermo González Beristáin y Kent Kent expresan una visión compartida: honrar los sabores de la tradición costera y demostrar que la cocina del Pacífico mexicano puede ser tan refinada y compleja como cualquier gran cocina del mundo, sin necesidad de imitar a nadie.

Entre los grandes protagonistas de la velada están el mar, el viento de Los Cabos, la silueta de El Arco y todos aquellos que entienden que el verdadero lujo consiste en olvidar el reloj. Vas por la vista. Regresas por la tostada.

 

 

Por Emilio Farfan

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