El escritor neerlandés Cees Nooteboom, uno de los autores más importantes y leídos de la literatura europea de posguerra, falleció a los 92 años, según confirmó su editorial en Países Bajos, De Bezige Bij. Considerado un viajero incansable de la memoria y la identidad europeas, el autor residía parte del año en Menorca, isla con la que mantuvo un estrecho vínculo durante más de seis décadas.
Nacido en La Haya en 1933 como Cornelis Johannes Jacobus Maria Nooteboom, su infancia estuvo marcada por la muerte de su padre en 1945, durante un bombardeo al final de la Segunda Guerra Mundial, un episodio que dejó una huella profunda en su obra. Educado en colegios religiosos, su formación católica también influyó en su universo literario.
Nooteboom debutó en 1955 con la novela Felipe y los otros (Philip en de anderen), y poco después incursionó en la poesía con Los muertos buscan un hogar. A lo largo de su extensa trayectoria cultivó todos los géneros: novela, poesía, ensayo, diarios, reportajes, crítica y literatura de viajes. Aunque alcanzó gran reconocimiento como narrador, él se consideraba ante todo poeta.
Su consagración internacional llegó en 1980 con Rituales, novela traducida a más de diez idiomas y posteriormente llevada al cine, en la que retrata el Ámsterdam de los años sesenta a través de personajes enfrentados a la incertidumbre y el sentido de la existencia. En 1991 publicó La historia siguiente, que se convirtió en un éxito de ventas en Alemania y consolidó su prestigio fuera de su país.

La obra de Nooteboom gira en torno al paso del tiempo, la memoria, la identidad y la historia europea, temas atravesados por la experiencia de la guerra y el nomadismo cultural. Fue uno de los escritores neerlandeses más traducidos y galardonados en el extranjero, con reconocimientos como el Premio Europeo de Literatura, el Premio Estatal Austriaco de Literatura Extranjera y el Premio P.C. Hooft en 2004, el más importante de las letras neerlandesas. En 2020 recibió el Premio Formentor de las Letras por el conjunto de su trayectoria y su nombre sonó en varias ocasiones como candidato al Nobel.
Su relación con España fue constante y profunda. Desde los años sesenta pasó largas temporadas en Menorca, donde escribió buena parte de su obra. Fruto de su fascinación por el país surgieron títulos como El desvío a Santiago (1992), considerado uno de los grandes libros de viajes contemporáneos. Próximamente estaba prevista la publicación de España interminable. Crónicas de un viajero, recopilación de sus artículos sobre el país.
Hasta el final de su vida continuó ordenando su legado literario. En una entrevista afirmó: “Escribir es, al fin y al cabo, mortalidad aplazada”, una frase que resume la vocación de un autor que convirtió la literatura en una forma de permanencia frente al tiempo.







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