Cuando el Presidente y CEO Marc A. Hayek impulsó a Blancpain para desarrollar un grande sonnerie, su objetivo iba más allá de unirse simplemente a quienes ya habían creado esta rareza entre las complicaciones. Del mismo modo que su pasión por el buceo le llevó a revivir el legendario Fifty Fathoms, su amor por la mecánica le impulsó a buscar y crear lo nunca visto.
Aunque lo habitual es marcar la hora utilizando dos notas, Hayek inspiró a los relojeros de Blancpain a desarrollar un grande sonnerie equipado con cuatro notas. Más aún, y aumentando considerablemente la complejidad, quiso que el reloj anunciara la hora mediante notas organizadas en forma de melodía. Entonces surgió la inspiración: ¿por qué no hacer sonar el tiempo con dos melodías diferentes interpretadas con cuatro notas —el clásico carillón de Westminster y una composición original escrita por el rockero Eric Singer, batería de KISS? y además, permitir que ambas melodías se puedan seleccionar y alternar con solo pulsar un botón en la caja.
Lo que parecía imposible cuando la idea nació, se ha convertido en realidad y en una primicia mundial en relojería: el Grande Double Sonnerie. Este nuevo grande sonnerie de Blancpain, con doble melodía, petite sonnerie y repetición de minutos, se combina con un tourbillon volante y un calendario perpetuo retrógrado, abriendo verdaderamente un nuevo capítulo en el universo de las grandes complicaciones.
Puntos clave
- Primicia mundial: reloj de pulsera con grande sonnerie dotado de dos melodías seleccionables, elegidas mediante un pulsador en la caja: el clásico carillón de Westminster de cuatro notas y una melodía original de Blancpain, compuesta por el músico Eric Singer. Exclusividad absoluta entre los grande sonneries de pulsera: interpreta las cuatro cuartas partes cada hora, ofreciendo así una ejecución sonora prolongada y excepcional.
- Calendario perpetuo retrógrado: completamente reinventado con una nueva construcción, totalmente integrado en el movimiento y equipado con los correctores bajo las asas patentados por Blancpain, rediseñados para permitir un ajuste sencillo con la yema de los dedos, sin necesidad de herramientas.
- Tourbillon volante: el emblemático tourbillon volante de Blancpain —el primero del mundo, presentado en 1989—, actualizado con una espiral de silicio y una frecuencia de 4 Hz.
- El reloj más complejo en la historia de Blancpain: un proyecto de ocho años que abarca 1.200 planos técnicos, 21 patentes desarrolladas durante el proceso (13 integradas en la construcción final del movimiento), 1.053 componentes para el movimiento, de un total de 1.116 componentes, todos diseñados, producidos, ensamblados y decorados completamente de forma interna.
- Sonido excepcional: cuatro notas (Mi, Sol, Fa, Si) producidas por cuatro martillos independientes. Una membrana acústica integrada en el bisel mejora la transmisión del sonido, garantizando una calidad musical extraordinaria, que va mucho más allá del simple volumen. Regulador magnético silencioso.
- Acabados artesanales tradicionales: 26 puentes y platina principal elaborados en oro de 18 quilates. Acabado manual tradicional que incluye anglage (135 ángulos entrantes), perlage, pulido espejo, fresado con punta de diamante y cepillado lineal, todos realizados a mano en el taller de acabados de Blancpain en Le Brassus. Los componentes están decorados tanto en las superficies visibles como en las ocultas.
- Mecanismos de seguridad: cinco sistemas de protección integrados en el movimiento para evitar daños derivados de un manejo incorrecto.
- Un reloj diseñado para el uso: a pesar de la extrema complejidad del movimiento, el reloj, que ha superado todas las pruebas y certificaciones, sigue siendo muy cómodo de llevar, con un diámetro de 47 mm, una distancia de asas de 54,6 mm y un grosor de 14,5 mm.
- Estuche de presentación especial: elaborado en madera procedente del legendario bosque de Risoud, en el Vallée de Joux, este estuche es mucho más que una simple caja de presentación: prolonga la tradición centenaria de los abetos de resonancia, apreciados por los luthiers por sus excepcionales cualidades acústicas. Actúa como una caja de resonancia natural, amplificando el sonido del carillón y vinculando la pieza al patrimonio cultural y artesanal del valle.
- Personalización: cada pieza puede personalizarse a gusto del cliente, garantizando una exclusividad absoluta.
El legado de Blancpain
Desde sus comienzos, cuando se trataba de una empresa familiar (que durante dos siglos permaneció dentro de la familia Blancpain) la manufactura se ha enorgullecido de su fidelidad a las grandes tradiciones relojeras. En sus talleres situados en el Vallée de Joux, cuna de la alta relojería, el 100% de sus movimientos se fabrican internamente, desde la producción hasta el diseño, ensamblaje y acabados. Todas las complicaciones y construcciones emblemáticas de la relojería están presentes en las colecciones de Blancpain: calendario completo con fases lunares, calendarios perpetuos, calendarios anuales, tourbillons, carruseles, cronógrafos, GMT, despertadores, repetidores de minutos y, ahora, el grande sonnerie. Además, Blancpain produce sus propias cajas en acero, cerámica, oro, platino y titanio.
Las grandes complicaciones ocupan un lugar destacado en la historia de Blancpain, siendo especialmente notable el 1735, el reloj de pulsera automático más complicado de su época, que contaba con repetición de minutos, cronógrafo con función split-seconds, calendario perpetuo y tourbillon.
Cuando el Presidente y CEO de Blancpain, Marc A. Hayek, concibió este nuevo proyecto de gran complicación hace ocho años, tenía claro que los objetivos habían evolucionado respecto a aquel logro histórico. La apoteosis de los relojes sonoros ya no sería un repetidor de minutos, sino un grande sonnerie. Incluso entonces, crear un nuevo grande sonnerie no bastaría. La instrucción de Hayek a su equipo de diseñadores de movimientos los impulsó a un ambicioso objetivo aún mayor: desarrollar un grande sonnerie que fuera un avance para el arte de la relojería. Los límites exteriores de la relojería sonora pasarían de marcar simplemente la hora a hacerlo mediante una melodía compleja. Como expresó Hayek, aún había más por lograr:
“El Grande Sonnerie es una de las complicaciones más difíciles de crear. Es la reina de las complicaciones relojeras. Quise ofrecer un Grande Sonnerie que fuera cómodo al llevarlo, no un producto destinado únicamente a permanecer en una caja fuerte. Dos melodías con verdadera musicalidad. Y, sobre todo, un reloj que haga sonreír al dar la hora, que despierte una emoción genuina.
Con una sonería muy elaborada a la vista, que pueda ser admirada mientras sus cuatro martillos interpretan las melodías, encontramos un magnífico movimiento de oro rebosante de las innovaciones de sus 13 patentes y un acabado llevado a la máxima expresión. Esperamos tocar el corazón de los más apasionados conocedores.”
El sonido del tiempo
Hoy pensamos en el repique del tiempo como una complicación, un aderezo al movimiento regular de un reloj, que indica que la pieza se encuentra entre las más fascinantes e impresionantes de todas las creaciones relojeras. Sin embargo, en el siglo XIV, la situación era justamente la opuesta. Marcar el tiempo con grandes relojes de monasterios y aldeas se volvió fundamental, superando en importancia a la simple indicación de la hora mediante agujas y esfera. La organización y regulación de la vida diaria de todos los que vivían y trabajaban a su alrededor dependía del tañido del tiempo. Es esa herencia de marcar el tiempo en su transcurso la que subyace tras los grande sonneries. Westminster, una de las dos melodías del Blancpain Grande Double Sonnerie, data de 1793, en la iglesia de St. Mary’s the Great de Cambridge. Su adopción posterior en el Big Ben de Londres dio lugar al nombre por el que se conoce hoy en día.
Grande Sonnerie y Petite Sonnerie
Hasta 1992, no existían los grande sonneries de pulsera. El marcaje del tiempo se limitaba a los repetidores de minutos, que sonaban bajo demanda. Generalmente se activaban tirando de una pieza corredera que armaba la sonería; con pocas excepciones, los repetidores de minutos indicaban la hora mediante una combinación de dos notas, una aguda y otra grave.
Sin embargo, los grande y petite sonneries marcan el tiempo de manera automática. La definición relojera de grande sonnerie indica que suena en la hora y, en cada cuarto de hora, reproduciendo tanto la hora como el cuarto correspondiente. En general, existen dos variantes de petite sonnerie: la más sencilla suena únicamente en la hora, sin marcar los cuartos; la más compleja suena en la hora y en los cuartos, sin repetir la hora.
Tanto los grande como los petite sonneries se alimentan mediante un barrilete integrado en el movimiento, y no requieren armarse accionando una pieza corredera ni realizando ninguna otra acción. En el caso del Blancpain Grande Double Sonnerie, el movimiento está equipado con dos barriletes separados: uno alimenta el tren de marcha habitual del reloj, y el otro alimenta el grande sonnerie, el petite sonnerie y, para evitar la necesidad de armar manualmente el repetidor de minutos, también este último.
Marcar el tiempo con una melodía
El primer grande sonnerie de pulsera marcaba el tiempo siguiendo la fórmula de dos tonos utilizada por casi todos los repetidores de minutos: la hora con una nota grave, los minutos con una nota aguda y los cuartos con una combinación de ambas. Con pocas excepciones, esta fórmula ha sido seguida por otros grande sonneries del mercado.
Los horizontes de Blancpain son mucho más amplios con su Grande Double Sonnerie. La visión de Marc A. Hayek contemplaba la posibilidad de crear una auténtica melodía. Los retos eran enormes. Para componer una melodía, serían necesarias cuatro notas: Mi, Sol, Fa y Si. Esto, por sí mismo, duplica la complejidad del movimiento, ya que se requieren cuatro martillos distintos, uno por cada nota.

Sin embargo, este es solo el primer paso para llevar la sonería al dominio de la melodía. Con la mucho más simple sonería de dos tonos, existe una gran flexibilidad en las frecuencias de las notas, tanto individualmente como en su conjunto. Para una melodía, no hay tal flexibilidad, ya que la altura de cada nota debe ser perfecta para que todas puedan sonar al mismo tiempo. En muchos aspectos, resulta apropiada la analogía con un director de orquesta: antes de un recital, generalmente un oboe toca la nota “La”, tras lo cual el maestro afina la orquesta para que todas las notas de los instrumentos suenen con la misma tonalidad y altura.
Usando un láser capaz de medir la frecuencia de las vibraciones, los relojeros de Blancpain prueban y ajustan los gongs del Grande Double Sonnerie para que la frecuencia de cada una de las cuatro notas esté perfectamente afinada.

Existe un segundo requisito crucial en la interpretación de una melodía, que se diferencia de la simple sonería de dos tonos: el tempo perfecto. El oído humano puede detectar irregularidades de hasta una décima de segundo al escuchar una melodía. Al igual que un repetidor de minutos, el Grande Double Sonnerie está equipado con un regulador que controla el ritmo de repique. En este caso, Blancpain ha dotado la sonería de un regulador magnético patentado, un gran avance respecto a diseños anteriores. Es totalmente silencioso, no añade ruido mecánico que compita con el sonido del carillón, y asegura una estabilidad de tempo superior a la de las construcciones tradicionales.

Pero para conseguir una melodía se requiere una precisión aún mayor. Al igual que con las cuatro notas, los intervalos entre cada una se miden científicamente. En los propios laboratorios de Blancpain, los ingenieros proporcionan los datos analíticos y conocimientos técnicos que guían a los maestros relojeros. Con su savoir-faire tradicional, realizan luego ajustes microscópicos—del orden de un micrón— en los dientes del mecanismo de la sonería. Esta colaboración entre tecnología avanzada y artesanía relojera garantiza un tempo perfectamente regular, que se mantiene con una tolerancia de una décima de segundo.
El savoir-faire de Blancpain en la creación de melodías se pone plenamente de manifiesto cada hora. En contraste con otros grande sonneries, que solo marcan las horas y no los cuartos, el Blancpain Grande Double Sonnerie ofrece al propietario una interpretación exquisitamente prolongada de las horas, seguida del repique de los cuatro cuartos completos, es decir, la melodía en toda su extensión.

La calidad y el volumen del sonido son primordiales. Marc A. Hayek ha comparado la apreciación del sonido de una sonería con la degustación de un vino extraordinario:
“Escuchar una sonería es como degustar un gran vino. No se trata únicamente del volumen, sino de la claridad, la resonancia, la persistencia y la riqueza. Saborear el sonido de una sonería de prestigio es una experiencia emocional.”
Con el objetivo de lograr un sonido sofisticado, el Grande Double Sonnerie ha sido equipado con anillos sonoros de oro, seleccionados tras extensas investigaciones y pruebas. Se evaluaron diversas aleaciones, pero el oro consistentemente ofreció los resultados acústicos más refinados. Su uso no es una cuestión de convención, sino el resultado de una rigurosa experimentación y una elección deliberada en la búsqueda del sonido perfecto.

El volumen también fue un foco de atención durante el desarrollo. Para mejorar la transmisión del sonido desde el movimiento al aire, los diseñadores de Blancpain concibieron una membrana acústica de oro integrada en el bisel. Esta construcción es objeto de una de las 13 patentes incorporadas en el Grande Double Sonnerie.





















Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!