En un mundo donde el fast fashion marca ritmos imposibles y la sostenibilidad parece un ideal distante, la diseñadora Ariana Castellanos está construyendo un camino propio: uno donde el reciclaje, la textura y la autenticidad se convierten en piezas únicas que resisten el paso del tiempo. Su proceso es tan artesanal como experimental, una mezcla de técnicas tradicionales, materiales recuperados y tecnología que transforma cada bolso en un objeto con historia.

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Del cuero rescatado al objeto de deseo

El corazón de su práctica está en León, donde trabaja con una pequeña fábrica que reutiliza cuero proveniente de muebles en desuso. “Descosen sillas, sillones, asientos de cuero… y ese material, que prácticamente está nuevo, lo vuelven a poner en circulación”, explica. Para ella, cada visita es una búsqueda del tesoro: “No tengo colecciones, no tengo stock. Lo que hago con lo que hay, es lo que hay. Y a veces encuentro verdaderas joyas que no tienen nada que ver con lo planeado, pero me las llevo igual”, confiesa entre risas.

La diseñadora complementa el cuero con piezas plásticas creadas gracias al movimiento global Real Precious Plastics, que permite triturar y fundir plástico en casa mediante máquinas accesibles. “Lo que hace es marmolear el plástico. No lo derrite como una máquina industrial, así que cada broche queda diferente, como una plastilina que toma forma en el molde”, detalla mientras muestra los pequeños fragmentos coloridos que dan identidad a sus accesorios.

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Un lujo que se usa, no que se guarda

Para Castellanos, la idea de lujo no está asociada a lo frágil o intocable. Al contrario: “Para mí, el lujo es usarlo todo el tiempo”. Su fascinación por el cuero radica precisamente en su capacidad de evolucionar. “Mientras más lo uses, más bonito se pone. Más cómodo, más tuyo. Eso para mí es lujo: que te dure mucho y que se vuelva tu pieza favorita”, asegura.

Y sus clientas lo comprueban. “Tengo clientes que regresan con bolsas de hace doce años y están impecables. Eso me encanta”, dice con orgullo, imaginando que algún día alguien hallará uno de sus bolsos en un mercado vintage: “Encontrar un bolso mío en La Lagunilla dentro de 50 años… ¡eso sería increíble!”

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Sostenibilidad real: la artesanía como resistencia

Aunque trabaja con cuero reciclado y procesos lentos, Castellanos no idealiza la sostenibilidad. La vive con los pies en la tierra: “Es muy cansado. Pero alguien tiene que hacerlo. Y regularmente somos los pequeños diseñadores los que damos la pauta para mantener estas tradiciones”.

Colabora con talleres en León, en Ciudad de México y también en Chiapas, donde está aprendiendo técnicas de joyería y costura a mano. “El oficio tiene que volver. Todos deberíamos regresar a coser, a poner un botón, a surcir nuestra ropa”, afirma convencida.

Esa mezcla de tradición y modernidad se refleja en su uso de moldes 3D y maquinaria que acelera procesos para no exigir demasiado a los artesanos. “El chiste es resaltar el trabajo de los dos lados. Que la máquina haga lo que puede hacer y que el artesano también pueda disfrutar de su vida, tomarse un té en la noche”, dice con ternura.

Diseñar para todos, sin edades ni etiquetas

Aunque su clientela principal ronda entre los 30 y 60 años, sus piezas llegan a todas las edades. “Mis cosas las usa todo el mundo. A veces vienen mamás con hijos o hijas, y cada quien encuentra algo distinto. Me encanta cuando alguien se lleva un bolso que jamás hubiera imaginado que elegiría”, cuenta.

Esa diversidad se explica en su filosofía central: comodidad ante todo. “No inventas nada en la moda. Una bolsa ya está inventada. Pero tiene que ser bella y utilitaria, que la quieras usar todo el tiempo”.

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Un llamado urgente al futuro de la moda mexicana

Cuando habla del estado de la industria, no duda: “Lo más urgente es eliminar a los gigantes. Nadie puede competir contra un monopolio”. Sin embargo, también reconoce que el problema no es solo industrial, sino cultural. “El marketing influye muchísimo más en la decisión del consumidor de lo que cree. No es solo elegir: te están diciendo qué consumir todo el tiempo”.

Aun así, celebra que el tema ya esté en la conversación pública: “Que hoy se hable de sostenibilidad es increíble. Hace nada nadie cuestionaba nada”.

Para quienes apuestan por piezas con ética, su marca ofrece una alternativa honesta. “Quien me consume a mí es alguien que busca algo muy ético. No se dejó ir por el fast fashion”, afirma.

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