Texto de Santiago Vértiz

Llevo casi un mes atrapado en Tulum, tiempo que he dedicado en gran parte a probar los nuevos o los clásicos spots para foodies. Todos aquí están muy emocionados por el próximo Pop up del Noma en donde se cobrarán 600 dólares por persona. Tengo una lista bastante amplia de lugares de los cuales les quiero platicar en mis próximas publicaciones.

Es muy chistoso estar aquí y encontrarte con amigos de la Ciudad de México que decidieron venirse a radicar y vivir la experiencia hippie-chic (que para vivir es más hippie que chic); ya se convirtieron en unos personajes de luz y vibraciones.

Después de toparme con una amiga por segunda ocasión me dijo “thats how Tulum is super cosmic”, este es el tipo de foreverismo que se vive en el trópico caribeño. Aunque analizándolo bien, esta actitud conlleva una filosofía bastante bonita de no contaminar, proteger al medio ambiente y ayudar al prójimo.

Algunos lugares ocupan puros productos orgánicos, es decir, en esencia está muy cool, aunque a veces la manera de expresarse es un poco extraña. Un claro ejemplo de esta filosofía se puede reflejar en un lugar que descubrí: Charly’s Vegan Tacos a un costado del hotel Papaya Playa. 

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Con un señalamiento que intenta ser satírico “meat eaters this way” -y no crean que ya me volví un full-on vegano- simplemente quiero hablar de los mejores tacos de Tulum; no sólo por su sabor auténtico y que por azares del destino resulta que son veganos, esto no afecta en nada lo deliciosos que están.

Hasta el día de hoy he ido un total de cinco veces y les puedo asegurar que cada vez salgo con una sonrisa en la boca. Dos de esas cinco, me he aventurado a pedir platillos nuevos y ninguno ha sido una decepción. Algunos de los postres podrían estar un chirris mejor, pero siempre hay uno que hace que te quedes con las papilas dilatadas.

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El menú en apariencia es muy sencillo y hace alusión a platillos que ya conocemos, como los tacos de chicharrón de seta en salsa verde, chorizo vegano, queso de papa, rajas poblanas, tacos al pastor, y los nachos con carne de soya, crema y queso. Una perfecta simulación que casi no te hará notar la diferencia entre lo real y las texturas logradas con soya y diversos vegetales frescos.

Por otro lado, también tiene un toque caribeño con los tostones de plátano (tipo colombiano) acompañados de una ensalada de quinoa y cole slaw; gazpacho de coco (coco, aguacate y limón) y aguachile de portobello. Y para acabar de llevarse más puntos, también aporta acentos yucatecos con el clásico frijol con puerco o el relleno negro.

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Aunque me falta probar este último, no dudo que esté delicioso. Sin embargo, lo más impresionante del menú es que las texturas y los sabores son auténticos, según lo que ya conocemos. Y no sólo son unos taquitos buenos, equis normal. ¡No! ¡Están buenísimos! Como le decía a un amigo, “es que son mejores que los normales”.

Ahora es más que bien sabido que una buena tortilla hace toda la diferencia, y evidentemente este lugar no trabaja con Maseca, toda la masa se compra en el pueblo y se hace la tortilla de nixtamal a mano.

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Tengo un gran presentimiento de que estos tacos van a tomar mucha fuerza y se van a convertir en unos clásicos de Tulum. Esperemos que en un futuro cercano puedan ser la opción que siempre nos saque de problemas en la madrugada.

Si es que vienen a Tulum y llegan a dar con este lugar, me encantaría escuchar sus comentarios, estoy seguro que acabarán igual de sorprendidos que yo por la riqueza en sabores y lo auténtico de la textura. Se quedarán con el ojo cuadrado como me quedé yo.

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Espero que algún día veamos más lugares como estos.