Netflix estrenó la serie documental Rotten, que en seis capítulos nos da cuenta de los intereses, fraudes y crímenes que comenten las grandes empresas de la industria alimentaria.

La serie inicia con el caso Alfred L. Wolff Inc., la importadora de miel más importante de Estados Unidos hasta 2008, que realizó uno de los mayores fraudes alimentarios de ese país. La miel que vendió a lo largo de años, no era miel, sino un compuesto químico con Cloranfelicon, un antibiótico muy peligroso para la salud.

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Los cinco capítulos posteriores no son para nada alentadores, ya que vemos a una industria corrupta y despiadada que termina con los pequeños productores; las métricas demuestran que cada vez más personas son alérgicas a determinados alimentos y un sistema cada vez más insostenible de una industria tan necesaria.

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Rotten nos deja una reflexión principal: preocuparnos más por saber el origen de nuestros alimentos y buscar las opciones locales de producción y distribución, sin dejar nunca de demandar las prácticas poco éticas de las grandes corporaciones.