Visitamos la Galería Rodrigo Rivero Lake para platicar con el artista tapatío Roberto Rébora sobre su más reciente trabajo con tintes eróticos “Diez pinturas pequeñas”.

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En 1984, el artista fue becado por el editor Enrico Valecchi, lo que le permitió ingresar a la Scuola d’Arte il Bisonte en Florencia, Italia. Tras permanecer un periodo de 20 años fuera de México actualmente, el pintor mexicano lleva una vida pendular entre sus dos estudios: uno en la Ciudad de México y el otro en Guadalajara, Jalisco.

La obra de Rébora no busca una etiqueta, es arte libre que tiene luz propia. En su trabajo se ve la persistencia de una batalla campal entre el sentimiento de un mundo moderno y la necesidad de descifrar dónde está el individuo. Su pintura es un ejercicio exigente de sí mismo.

A continuación, compartimos la charla que tuvimos con él.

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En estas piezas retomas el erotismo, ¿quiénes son estas mujeres y estos seres? 

Son trabajos que me llevaron meses y ésta es una “camada” de cuadros. Cada uno se va creando, va madurando sin prisa, sin dirección. Aparecen ahí estas formas que se van humanizando. Salió un cuadro con un hombre que tiene rostro de perro sediento, sexuado. Son cosas que suceden porque son eco de aquello que se vuelve permeable entre todos nosotros.

Por ejemplo, una mujer triste, quizá ofendida, que recibe un consejo de la noche… se convierten en cosas reverberantes… un piano en llamas, un lector… Así todos son creados en una conversación horizontal, en el ejercicio nervioso de la pintura, por lo tanto estrictamente emotivo. No hay pintor que no se someta al temblor del pincel.

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Retomas el erotismo después de buscar una representación del hombre en tu obra Media Star.

Media Star era una visión global con cierta pretensión del absoluto. Acá no, la particularidad es la escena. No se regresa, ¡se redescubre! La extensión del vagar por la tela, los materiales, el pincel se desliza, es táctil, la inmediatez genera estos cuadros. Estas obras son el cultivo del huerto más personal y ¿Por qué no he de hacerlo?, nada más espontáneo que esto, la forma de conducirse entre los sexos. Aparece, se construye. Es un juego y una técnica.

 

¿Bajo qué técnica están hechas las Diez pinturas pequeñas

Están pintados al temple. El temple es temperamento, seducción, es temperatura. Tú lo creas, lo tocas, es una mayonesa. Es el medio más barato de todos, es ligero es transparente. Para la creación de estos cuadros inmediatos, preparé una tela, dejé caer el temple y sucedían estos encuentros. El temple es esa cosa táctil. El erotismo, la pintura y el pincel crean esa cosa: la imanación de luz y la tersura.

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Háblanos de la oscuridad de la pintura y su relación con lo emocional. 

La oscuridad es una gran dificultad, la condición del aceite es la penumbra, la oscuridad. Cuando sobrepones una capa oscura reverbera en la psique. Yo no concibo el trabajo expresivo en mi campo sin esa relación. Me gusta la sensorialidad de la materia.

¿Cuáles son los temas que abordas en tu obra?

Soy un pintor monotemático, me interesa la mujer, la relación del hombre y la mujer, la visión social de la realidad en la que me desenvuelvo. Me interesa el oficio y la imagen como primer reflexión, la generación de imagen compuesta capaz de contener.

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Mencionas en entrevistas que todo es materia y que la materia es el cuerpo del pintor ¿Qué discurso tiene tu serie erótica? 

El temple, el pincel y el lienzo, son la materia y el mismo medio, te permiten imaginar que suceden cosas y tú te vas adentrando en esas historias, esto se convierte en un trabajo de introspección. La pintura es un reflejo propio.

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Este proyecto se encuentra en Galería Rodrigo Rivero Lake indefinidamente. Visita la galería para que te adentres al mundo de Rébora.