Texto de Alejandro Langarica

Hoy quiero platicarles de una muy buena experiencia que tuve en ‘White Rabbit’ un restaurante ubicado en el puesto número 23 del ranking de los 50 Best Restaurants of the World.

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No soy muy fan de los ‘50 Best’ sobre todo después de la última edición de estos premios en Latinoamérica, los cuales eligieron restaurantes que a mi parecer no se merecen estar en esa lista; sin embargo hay algunos países que a falta de guías tan certeras como la Guía Michelin, tenemos que basarnos en esta lista para elegir a dónde ir.

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El Restaurante White Rabbit, está localizado en Moscú y ha alcanzado mucha fama en un periodo muy corto de tiempo, aunque muchos locales piensan que no debería estar entre los mejores. Llegar a él tiene su chiste, ya que tienes que entrar por un centro comercial y buscar una puerta de cristal al final de un pasillo para de ahí subir por dos elevadores hasta llegar a lugar, ubicado en un piso 15 con ventanales de doble altura y un domo de cristal con una vista espectacular de Moscú.

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Sin duda, pienso que le falta mucho a este restaurante para que adquiera una estrella Michelin (en caso en que empiecen a darlas en este país) por sus errores en servicio y detalles en la comida, pero al mismo tiempo es un lugar que sí merece la pena visitar.

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Ordenamos el menú degustación y nos advirtieron en un par de ocasiones que nos tomaría al menos 3 horas y media la cena, lo cual no nos causó ningún problema, pues el menú consta de 13 tiempos.

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Muchos de los platillos los defino como bien logrados, pues combinan ingredientes locales con técnicas y productos de otros países europeos, como Francia principalmente. Lo que sí hay es mucho esmero y buenos resultados en las presentaciones, yo creo que entre mis platos favoritos fue el Napoleón salado con caviar Beluga o el pato como tiempo principal, pero en general todos fueron muy buenos.

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Después de un largo menú, una magnífica botella de vino francés y la mejor compañía, terminamos una cena que recordaremos por mucho tiempo. Al final traen a la mesa varías figuritas de narices de porcelana para oler y de la fragancia que más te guste te regalan un pequeño perfume, lo que se nos hizo un buen detalle de despedida y forma de agradecimiento.

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Les recomiendo mucho ir cuando visiten Moscú y si no es época de frío pidan mesa en la terraza. A nosotros nos tocó cerrada esta área, pero la espectacular vista asoma directamente hacia uno de los 7 rascacielos de Stalin. Sin duda fue una gran experiencia.