El pasado viernes 2 de julio, el Golfo de México fue noticia ya que por medio de las redes sociales vimos como un ojo de fuego se gestaba en sus aguas, esto derivado de la ruptura de un ducto submarino de la compañía Pemex, que hoy aún genera muchas preguntas y pone a la luz muchos de los problemas que enfrenta esta la compañía estatal mexicana.

De inició aún no se sabe cuál fue el verdadero daño ambiental causado por la fuga de gas y el fuego que se mantuvo al menos por 5 horas, según el jefe del regulador mexicano de seguridad petrolera, Ángel Carrizales,  “no generó ningún derrame”, sin embargo, viendo la magnitud del accidente no es posible que no se presentaran daños en el ecosistema del lugar.

Aunque se afirma que este accidente fue causado por fuertes lluvias y tormentas eléctricas, todo esto pone en la mira las finanzas y administración de la petrolera que desde hace años mantiene una deuda que parece imposible de saldar y que han llevado a tener no solo sus ductos en mal estado sino a sus trabajadores e instalaciones en una forma deplorable, además de poner en riesgo no solo su vida, también la del mismo planeta.

Algunos ambientalistas y organizaciones como Greenpeace, señalan que este tipo de accidentes pueden ser más frecuentes y son derivados de la necedad de continuar trabajando con el modelo energético basado en combustibles fósiles.

Pues entre muchas perspectivas, este podría ser el principio del fin de esta empresa que ha dado mucho de qué hablar.

Lamentablemente, para mal en los últimos años, es un tema complejo que tiene muchos nudos y que sería bueno que sirviera para iniciar ¡ya! un camino consciente hacia las energías renovables.