Texto de Emilio Farfan

El tiempo parece haberse detenido para emitir una oda al buen gusto, al abolengo y a una herencia histórica que se remonta al Siglo XVIII cuando una hermosa casona, que en ese entonces brillaba como la morada particular del obispo de San Miguel de Allende, luciera sus mejores galas con un mural de tema bíblico en una de sus paredes que asoma al patio principal y del que todo mundo hablaba y aún sigue hablando, maravillado.

No sabemos del artista que lo plasmó con maestría clásica, pero de lo que sí pudimos dar fe durante la visita y pernocta en este célebre recinto, es que historia, arte, cultura y el saber recibir con la mejor hospitalidad, se conjugan para recrear una experiencia memorable.

Casa No Name, como la bautizaron sus actuales propietarias Lourdes Robles y Cecilia García Amaro, se localiza en el número 52 de Hernández Macías, la calle más antigua de la ciudad.

Desde que uno transita por sus alrededores y a tan sólo unos pasos del Instituto Nacional de Bellas Artes local, se siente inmerso en la magia del aura artística que envuelve a la soberbia propiedad de sólo 6 idílicas habitaciones, dotadas con el refinamiento y comodidad que sólo pocos, bajo el sello de los Small Luxury Hotels of the World, pueden ofrecer a sus distinguidos huéspedes.

Una mansión con historia

La otra, también residencia y atelier de la fotógrafa Deborah Turbeville, siempre ha estado ligada a la visita de grandes figuras, artistas y personajes invitados por la diligente profesional de la lente y jet setter, que en su momento vivieron momentos de gran emoción en gratas convivencias y tertulias entre amigos. Su espíritu inquieto de aventura y motor de su creatividad plasmada con la lente, se vio colmado al encontrar dicha casona en pleno corazón de uno de sus destinos favoritos para fincar su último refugio de residencia permanente.

Casa No Name, sin ninguna referencia o alusión más, Lourdes explica que no se necesita un nombre para describir sus encantos, sino vivir la experiencia de hospedarse allí, eso lo dice todo. Los espacios comunes inician desde el patio principal que recibe con una gama de flores y plantas que comparten intimidad con el huésped.

El marco ideal para disfrutar un desayuno gourmet de fórmula continental con una buena taza de café recién tostado, jugos y fruta fresca con semillas orgánicas y nueces; mantequilla fina y un sinfín de bollos y pasteles de la casa.

Hay además opciones a la carta con las que el chef de casa se encarga de satisfacer paladares mediante un toque de cocinas de tout monde. De hecho, ahí el brunch dominical es famoso por su variedad de platillos y la calidad de apetitosas delicias que los acompañan, empezando por un desfile de quesos y embutidos importados, ensaladas y un sinfín de abundantes viandas más.

Naia, la suite

Entrar a cualquiera de las habitaciones y suites de Casa No Name es sumergirse en una atmosfera de recuerdos, una aventura donde una sutil suntuosidad lleva a disfrutar de una comodidad evidente reflejada a través de diversos elementos de interiorismo. Estos recrean un entorno donde juegan armónica y libremente piezas de mobiliario antique únicas e impecables, aún a pesar de la pátina del tiempo, así como arte y más arte por doquier.

Cada una posee un nombre y encanto propio, una historia para contar que a la par invitan al descanso pleno, bajo apelativos de género femenino como Aura, Deborah, Anan, Ambu, Neha y Naia.

De esta última en particular, se puede afirmar que su charm seduce inevitablemente, asomando con postigos abatibles hacia un estanque cubierto de pétalos de buganvilias y jazmines que enmarcan un petit jardin secret plagado de limoneros y jazmines, no tan secreto realmente y dedicado al poeta Lorca, como escenario inmejorable de charlas y encuentros privados pequeños, que regularmente se llevan a cabo en este pequeño hotel boutique.

Naia atrapa, recibe y cobija con ese confort de lujo refinado, buen gusto y armonía en cada detalle, desde una ropa de cama donde 800 hilos de finísimo hilo de algodón conforman la textura de sábanas y almohadas; amenities

Bulgari, jabones artesanales de lavanda, esencias perfumadas de campo, snacks gourmet y hasta una ventana de vidrio sobre el piso que despeja imágenes del subsuelo y el pasado histórico de la propiedad, como si formara parte de un museo viviente.

Remanso apacible

Culto al arte, al placer de disfrutar la vida y a las experiencias sublimes, se reviven constantemente en cada rincón de Casa No Name. Es una invitación a internarse en un mundo relajado en convivencia con la vida natural, entre plantas y flores que se encuentran al pasar de una arcada morisca, hacia un
espacio verde y florido.

Y posteriormente, ascender a través de un túnel entretejido de plantas elegantes que desemboca en la amplia terraza del piso superior.

Justo es el momento propicio para dejarse consentir y halagar con indulgencia por una coctelería inteligente, bien pensada y diseñada en el íntimo bar Olivia, que en ocasiones es el marco más solicitado para realizar eventos, reuniones y presentaciones especiales, hoy día cuidando al máximo la sana distancia y la disposición de espacio al aire libre.

A un costado, la constante caída de agua del jacuzzi y más allá, marcando límites de un desnivel promovido por la figura esbelta de un acueducto indio, entre tumbonas y mullidos cojines es posible gozar una atmósfera de acentos tibetanos, mientras se observa la caída de la tarde con una vista que raya en la
espectacularidad.

Sede del arte

Entre el lujo discreto, la tranquilidad que se respira y se vive allí, un programa de actividades artísticas y culturales tienen cabida cada temporada, encabezadas por la exposición permanente de obras de la artista mexicana de gran trayectoria Cecilia García Amaro, anfitriona y copropietaria de esta
soberbia casona.

A su vez, son frecuentes y aclamados los conciertos de música de cámara, de jazz y las actuaciones de cantantes con magnífica trayectoria; lecturas de libros y exhibiciones que se extienden incluso hasta el showroom de la boutique L’Atelier con su piano Gran Prex.

Por cierto, la que fuera biblioteca y taller privado de Deborah Turbeville, ubicada a un costado de la entrada principal, exhibe piezas de arte, así como prendas de alta moda y accesorios creados por artistas y diseñadores mexicanos e internacionales, que representan un hito y referente de las
compras por su exclusividad y originalidad.

Sin duda, la respuesta no queda en el aire, Casa No Name es un must en alojamiento de gran nivel en San Miguel de Allende dirigido al tipo de huésped que lo ha visto todo, al bon vivant experimentado y al seguidor del estilo de vida por todo lo alto y relajado.

No dejen pasar la oportunidad de vivir esta experiencia viva que va más allá de las palabras y que no necesita un nombre para reafirmar su legítima grandeza.