En un momento en el que hablar de sustentabilidad ya no basta, México por el Clima: Semana de Acción decidió ir un paso más allá: medir su impacto ambiental, reducirlo de forma concreta y sentar las bases de un protocolo replicable para futuros eventos. El resultado no solo fue un espacio de diálogo sobre la crisis climática, sino un ejercicio de coherencia que deja un legado tangible para la ciudad.
En su más reciente edición, el foro reunió a especialistas, empresas y líderes de opinión, pero también se hizo una pregunta incómoda y necesaria: ¿cuál es el impacto ambiental de organizar un evento de gran escala? La respuesta no quedó en el aire. En plena temporada de reflexión ambiental, la iniciativa apostó por poner los números sobre la mesa y demostrar que la conversación climática también empieza por casa.
Medir para transformar
Medir la huella de carbono implica calcular la cantidad total de gases de efecto invernadero emitidos directa o indirectamente, expresados en CO2e (dióxido de carbono equivalente). Gracias a una alianza con Schneider Electric, el evento logró cuantificar su impacto total: 13.86 toneladas de CO2e.
Para dimensionarlo, esta cifra equivale aproximadamente a lo que absorben más de 600 árboles maduros en un año.
El análisis reveló datos clave:
- El transporte de asistentes fue la principal fuente de emisiones, con 9.57 toneladas de CO2e.
- Los alimentos y bebidas generaron 2.66 toneladas.
- El consumo energético del recinto representó 1.53 toneladas.
- La gestión de residuos sumó 3.52 toneladas adicionales.
Más allá de las cifras, el ejercicio de transparencia marca una diferencia: medir permite identificar áreas de mejora y tomar decisiones basadas en evidencia, no en percepciones.
Reducir antes que compensar
Frente a las críticas sobre la compensación superficial, el evento implementó un Protocolo de Producción de Eventos Carbono Cero+, desarrollado en colaboración con Huerto Roma Verde. Su principio es claro: primero reducir, después compensar.
Entre las acciones destacaron la optimización logística, la disminución de materiales innecesarios, la correcta separación de residuos y su valorización para evitar que terminen en rellenos sanitarios.
Gracias a estas medidas se logró:
- Evitar la emisión de aproximadamente 3,300 kg de CO2e
- Reducir la generación de 2,133 kg de residuos
En términos simples: menos basura y menos emisiones liberadas a la atmósfera.
Un bosque urbano como legado
El compromiso no terminó con el cierre del evento. Como parte de su estrategia de acción climática, se sembraron 300 árboles en Iztapalapa, creando un pequeño bosque urbano bajo metodologías de restauración ecológica.
La iniciativa —impulsada por Belung— tuvo un componente simbólico y práctico: plantar un árbol por cada ponente. De acuerdo con estimaciones técnicas, este bosque capturará 2.76 toneladas de CO2 en los próximos 10 años, además de aportar beneficios como la reducción de la isla de calor, mejora en la calidad del aire y fortalecimiento del tejido comunitario.
Más que compensar emisiones, la acción contribuye a construir ciudad.
Coherencia en tiempos de crisis
En un entorno donde el discurso ambiental es cada vez más común —pero no siempre verificable—, México por el Clima apostó por la coherencia. Medir su huella, transparentar resultados, reducir emisiones y dejar un legado concreto son acciones que elevan el estándar para la industria de eventos en el país.
La Semana de Acción demuestra que es posible organizar encuentros de alto nivel alineados con los principios que promueven. Porque frente a la emergencia climática, la credibilidad no se construye con promesas, sino con métricas, decisiones y acciones verificables.
La acción continúa: la segunda edición de México por el Clima: Semana de Acción ya está en preparación y se llevará a cabo el 7, 8 y 9 de octubre de 2026. Para conocer más, registrarse o sumarse como aliado, visita: www.mexicoporelclima.com






















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