Hay lugares en Ciudad de México que adquieren otra dimensión cuando cae la noche. En el piso 14 de Sofitel Mexico City Reforma, L’Obsidian es uno de ellos: un espacio donde las vistas de la capital, la coctelería y el interiorismo se encuentran en una misma experiencia.
Frente al Paseo de la Reforma y con el Ángel de la Independencia como protagonista del paisaje, el bar propone una lectura contemporánea del lujo. La inspiración parte de la obsidiana, piedra volcánica profundamente ligada al territorio mexicano y asociada simbólicamente con la transformación y el reflejo.
El resultado es un ambiente de estética sofisticada que toma referencias del Art Déco y las lleva hacia un lenguaje más actual, marcado por tonos profundos, bronce, texturas y una iluminación diseñada para cambiar la atmósfera conforme avanza la noche.
Un interiorismo pensado para la noche
En L’Obsidian, la arquitectura interior no funciona simplemente como telón de fondo. Es parte esencial de la experiencia.
El proyecto, desarrollado por los diseñadores Philippe Deroy y Mario Leal, juega con contrastes entre materiales cálidos, superficies oscuras y detalles metálicos. La intención es crear un espacio envolvente que conserve cierta intimidad pese a encontrarse en uno de los puntos más privilegiados de Reforma.
Uno de los elementos que más contribuyen a esta sensación son las mesas del bar, realizadas con Silestone Chateau Brown Pulido. Su tonalidad café chocolate introduce profundidad y calidez, mientras que su acabado dialoga con el bronce y los textiles presentes en el espacio.
La superficie también permitió desarrollar piezas de mobiliario diseñadas específicamente para el proyecto, con bordes volados y acabados de precisión que enfatizan las posibilidades del material.
“La combinación de Silestone Chateau Brown con los detalles en bronce nos permitió crear un equilibrio entre funcionalidad y diseño”, explica Mario Leal. “La resistencia del material, junto con su excelente trabajabilidad, fue clave para desarrollar piezas que responden a las exigencias de un proyecto de hospitality sin perder el carácter sofisticado que define el concepto”.
El lujo está en los detalles
La elección de materiales adquiere particular importancia en un bar donde la experiencia ocurre tanto a través de la vista como del tacto. Las superficies, los reflejos y la iluminación construyen una atmósfera que cambia durante la noche y acompaña el ritmo de la coctelería.
En este contexto, Cosentino se integra al proyecto desde una perspectiva que va más allá de lo funcional. La superficie utilizada en el mobiliario se convierte en parte de la narrativa visual del lugar y ayuda a establecer el carácter contemporáneo del espacio.
“Silestone Chateau Brown nos permitió llevar la propuesta de diseño más allá de las aplicaciones tradicionales”, señala Philippe Deroy. “Su tonalidad aporta la calidez y sofisticación que buscábamos, mientras que su versatilidad hizo posible crear elementos de mobiliario a medida con una gran precisión y presencia dentro del espacio”.
Además de su apariencia, el material fue elegido por sus características de resistencia y facilidad de mantenimiento, aspectos especialmente relevantes en un espacio de hospitalidad sometido al uso constante, al agua y a la humedad.
Una nueva perspectiva de Ciudad de México
Pero quizá uno de los mayores atractivos de L’Obsidian está fuera del propio bar.
Desde las alturas, Reforma adquiere otra escala. El movimiento de la ciudad se convierte en parte del escenario y el Ángel de la Independencia aparece como punto focal de una panorámica que cambia con la hora del día.
La experiencia combina así dos caras de Ciudad de México: la energía urbana que ocurre al otro lado de los ventanales y una atmósfera interior mucho más contenida, inspirada en el art de vivre francés y reinterpretada desde una sensibilidad cosmopolita.
El nombre del espacio tampoco es casual. La obsidiana, uno de los materiales más representativos de la historia prehispánica de México, aporta una conexión sutil con el territorio y funciona como concepto rector de un lugar construido alrededor de los reflejos, las texturas y la transformación de la luz.
L’Obsidian termina por convertirse en algo más que un bar dentro de un hotel: es una experiencia donde la arquitectura, el diseño y la noche dialogan con una de las postales más reconocibles de la capital mexicana.



















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