En Billund, Dinamarca se encuentra un emblemático edificio llamado ‘el bloque de Lego’ en el que se desarrollan sorprendentes creaciones que van desde un árbol de quince metros, hasta una colección de dinosaurios, todo realizado con los bloques que han construido infinitas formas desde hace poco más de cincuenta años.

Lego ha creado un legado de imaginación y ahora busca trascender cambiando la sustancia que utiliza para la creación de sus icónicos bloques, conocida como acrilonitrilo butadieno estireno (ABS).

Este plástico que utiliza la compañía juguetera, también se utiliza en la fabricación de teclados de computadora y fundas para Smartphone, gracias a su rigidez que permite cierto grado de elasticidad y una superficie pulida. El factor alarmante de este plástico es su elaboración a partir de petróleo.

Para comenzar a ser amigables con el medio ambiente, buscan en 2025 eliminar objetos como las bolsas de plástico al interior de sus empaques de cartón y en 2030 que el plástico de sus piezas sea derivado de fuentes naturales como fibras vegetales o botellas recicladas.

La huella ecológica de Lego anualmente genera una emisión de casi un millón de toneladas de dióxido de carbono de las que aproximadamente el 75% se produce de las materias primas que llegan a sus fábricas, de acuerdo a Tim Brooks, vicepresidente de responsabilidad ambiental de la empresa.

Lego asegura que sus bloques creados en 1958 aún son compatibles con los productos con los productos de la realidad, sin embargo, después de una caída en sus ingresos y ganancias por primera vez en una década, han tomado medidas para seguir vigentes en el mercado y seguir superando a sus rivales estadounidenses Mattel y Hasbro.

Esperamos que el nuevo material de Lego sea sostenible para el medio ambiente y continúe siendo un estímulo para la imaginación por un mundo mejor.