De fiesta por todo lo alto está la casa champañera Veuve Clicquot, ya que este año se cumplen 140 años desde que surgiera por primera vez una etiqueta amarilla como distintivo de la inmejorable calidad del más emblemático de sus champañas, el “Carte Jeunne”.

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En sus primeros años allá por 1772 cuando se fundó la Maison, su ama y soberana madame Clicquot Ponsardin no veía el caso de poner una etiqueta en sus botellas de champaña y se mostraba muy evasiva al respecto, ya que lo consideraba una especie de distracción sin motivo sobre la calidad de un vino, siendo que éste debería hablar por sí mismo.

Sin embargo, al pasar los años y tratando de evitar falsificaciones se dejó convencer y pronto llevarían una etiqueta minimalista las botellas del “doux” Veuve Clicquot, un champaña dulce y suave ciertamente.

Aun así, se tuvo que esperar 105 años después de la creación de sus champañas para que finalmente sus vinos “secos” ostentaran la primera etiqueta amarilla, inspirada quizá por la moda impresionista que en 1877 sugería constantemente dicho color en representaciones y escenas pictóricas de la época especialmente en las de Manet, Van Gogh y Monet.

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Otra versión sugiere que tal vez se utilizaron etiquetas amarillas para distinguir un pedido especial de la Gran Bretaña que llevaba un dosaje diferente, que dio origen al Carta Amarilla actual. En fin, el amarillo es un color de celebración que históricamente ha simbolizado, la esperanza, la luz y la alegría de vivir.

Su registro fue el 12 de febrero de 1877 y la fecha marcó el inicio de una tradición que perdura hasta hoy a casi siglo y medio de distancia en el tiempo.

El tono amarillo casi naranja que lucen estas botellas curiosamente no surgió por casualidad, sino que un color más brillante era lo ideal para poder distinguirlas en la oscuridad de las bodegas.

En 1945 el Veuve Clicquot Sec fue renombrado como Veuve Clicquot Ponsardin Brut y fue revestido con la única y original Etiqueta Amarilla.

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