Para la edición número 17 de la Bienal de Arquitectura de Venecia se han reunido 110 participantes de 46 países distintos. Brasil ha presentado nueve proyectos que giran en torno a la arquitectura, la educación y la comunicación todos bajo la batuta del Atelier Marko Brajovic con el título “Anfibio — viviendo entre agua y tierra en la Amazonía”, exposición que se estará presentando en el Pabellón Central (Giardini) hasta el 21 de noviembre de este año.

Con el título ¿Cómo viviremos juntos? (How Will We Live Together) la 17 Muestra Internacional de Arquitectura es un llamado global a buscar soluciones a problemas actuales del planeta: las divisiones políticas, las desigualdades económicas y el desequilibrio ambiental. Un llamado a los arquitectos para que imaginen espacios en los que podamos convivir con generosidad, como afirma el comisario del evento, el arquitecto y académico Hashim Sarkis.

Nada más pertinente en este contexto que traer a cuento la Amazonía, a través de proyectos que van desde escuelas comunitarias hasta una exposición itinerante pasando por un hotel ecológico en plena selva, una biblioteca flotante, un centro ceremonial, bio fábricas, un museo de ciencias y hasta una serie de programas de educación avanzada.

No se trata solo de relacionarlos con el tema propuesto sino de explorar la sensible interconexión con el contexto natural y la cultural local. La realización de cada uno es una realidad gracias a la colaboración de clientes e instituciones alineadas con el propósito de operar en la región de una manera responsable y sostenible y con el objetivo de mantener la vida y el futuro de todos los seres que habitan el bosque más grande del planeta.

Entre los nueve proyectos presentados se destaca el hotel Mirante do Madadá, ubicado a la orilla del Río Negro, frente al Parque Nacional Anavilhanas. Mirante do Madadá tiene como objetivo llevar la experiencia amazónica a otro nivel, practicando un turismo comunitario que incentive al desarrollo regional sostenible y socioeconómico.

El complejo turístico propondrá a los viajeros una inmersión total en el entorno y su biodiversidad, a través de la arquitectura biomimética y experiencias de selva y bienestar, siempre en comunión con las comunidades locales.

Todos los detalles del proyecto arquitectónico están inspiradas en elementos naturales y culturales de la región, entrelazando signos y significados, texturas y materiales, percepciones y caminos. Las estructuras “semilla” que componen el complejo Madadá están organizadas orgánicamente en el espacio, siguiendo la topografía del terreno y respetando la vegetación local, apoyándose en el paisajismo a cargo de Studio Clariça Lima.

Ligero, visualmente permeable y confortable, el diseño de los módulos arquitectónicos equilibra la relación entre espacios abiertos y cerrados, superficies y juntas, interiores y exteriores, potenciando la experiencia de estar en esta ubicación privilegiada.

El ingreso al complejo se realiza desde la Casa Colectiva, que mira de un lado hacia el río, donde se puede disfrutar del amanecer, y del otro, hacia la selva.

Aquí se encuentra la recepción, el concierge, el bar, el restaurante, los servicios, un lounge, espacios de exhibición y una alberca infinity.

Una serie de pasarelas conectan la construcción principal con las doce habitaciones cuyos interiores llevan la firma de la arquitecta Marília Pellegrini, y distribuyen los senderos que recorren toda la propiedad, hasta el punto más alejado: la Casa de Cura, un espacio inspirado en las formas de la Victoria Amazónica o Victoria Regia, por su característico cambio de color y su importancia mitológica en las culturas ancestrales.

Este es el espacio dedicado a las prácticas de yoga, las reuniones con representantes indígenas de la región o simplemente para recibir un masaje y baño ayurvédico.