Texto de Paulina Vélez

Osvaldo Oliva es un joven que recién entró a la escena gastronómica de la Ciudad de México, sin embargo, lleva ya un buen recorrido y experiencia a sus espaldas, lo cual ha provocado que sea un cocinero de ideas muy claras sobre sus objetivos y  en el concepto del restaurante donde firma con su nombre.

Egresado de Ambrosia y como él mismo afirma “con nada, más que un boleto de avión y acompañado de muchas ganas de aprender”, se fue a conocer técnicas, sabores, ingredientes y costumbres de las cocinas españolas. Su punto de inicio fue trabajar en el Celler de Can Roca y de allí partió a Mugaritz, en el país Vasco con Andoni Luis Aduriz, donde se identificó con la filosofía del lugar: “lo que es único e irrepetible tiene un valor muy significativo”.

Trabajó siete años allí, en la cocina de I+D investigación y desarrollo, donde formó un carácter y filosofía propios para regresar a México a desarrollar un concepto que conjuga sus experiencias e ideología.

Hacia finales de 2016  abre las puertas de una parte del proyecto con Alelí ubicado en la planta baja de una clásica casa de la colonia Roma, el cual es un lugar absolutamente desenfadado y sin pretensiones, que tiene un menú cambiante de acuerdo a la temporalidad de productos y ofrece platos especiales cada día.

Osvaldo Oliva

Su selección de vinos pretende que sea diferente que en cualquier otro lugar, con rangos de precios no altos,  pero de calidad. Abre casi todos los días para desayunos y comidas y cierra sólo los lunes.

En 2017 cierra el círculo abriendo Lorea, el cual está en la parte superior del mismo Alelí, y con un concepto totalmente diferente. Lorea (flor en euskera), significa mucho más que la forma universal de la belleza. Este otro local está dotado de espacios abiertos y dobles alturas, donde Osvaldo pretende que la cocina sea el escenario central de todo el lugar.

Y es precisamente belleza estética lo que encontramos en la cocina de Lorea, reflejada en los sabores y en las presentaciones de sus platos, que aunque no son pretenciosos denotan técnica, estilismo y mucha sazón.

Los sabores son muy sutiles incluso algo femeninos, plasmados en una carta que propone un menú corto con una secuencia de 9 tiempos u otro más extenso de 14, en los que el joven chef afirma que su oferta gastronómica es confeccionada día a día basada en la estacionalidad de los productos.

LOREA A

Su carta de vinos es corta, pero bien seleccionada y buscando tener etiquetas no muy comerciales en general, pero no por ello precisamente raras o de poca calidad. Remarcables son los precios de sus vinos, ya que te dan oportunidad de tomar una buena botella por un precio que no pagarías en ningún otro lugar. Un punto enorme a su favor.

¿Y sí habría algo que no me gustó? Quizá jugaría un poco más con los claro oscuros en la iluminación, pero fuera de eso el lugar es en verdad una experiencia de principio a fin, conociendo el bagaje del cocinero y tomando en cuenta que todos los que están allí se esfuerzan para hacer que sea inolvidable.