Texto de Esteban Abascal

Sin duda alguna, cuando hablamos de gastronomía brasileña no podemos dejar de pensar en la “carne de sol”, “acarayé”, “coxinha”, “moqueca”, “pão de queijo”, “tapioca”, “feijoada”, churrasco, “queijo coalho”, “tacupí”, y muchos otros platillos típicos de este país sin olvidar las deliciosas bebidas como el batido de coco, guaraná y la muy famosa “caipirinha”.

Para contextualizar un poco más de este país recordemos algunos puntos importantes para entender su cultura y las raíces de su gastronomía. Brasil es un país que, en cuestión de platillos y sabores, tiene tres grandes influencias en las que podríamos clasificar su variedad gastronómica: la indígena, la africana y la europea. Para ejemplificar cada una de estas influencias basta analizar algunos de los platos más emblemáticos de esa nación.

Carne de sol: el que este país tenga como un ingrediente base la carne bovina no es pura casualidad; si nos remontamos a tiempos prehistóricos con las primeras comunidades indígenas, podemos entender el origen del famoso platillo carne de sol, también llamado “jabá”, ya que estos grupos de personas usaban el método de dejar la carne expuesta al sol al menos cuatro días, simplemente porque no tenían dónde conservar sus alimentos.      Churrasco

“Acarayé”: para ejemplificar la influencia africana tomaré este platillo que en portugués es denominado “acarajé”, del cual podríamos decir que son bolitas de pan grueso elaboradas con frijoles blancos y cebolla que se dejan reposando desde la noche anterior y se fríen en aceite de palma para finalmente acompañarse de salsa; que bien puede ser de “vatapá”, crema de camarones secos o cururú de habas verdes.  

El origen de esta especie de bolitas de pan se atribuye a las comunidades aborígenes de África que emigraron a Brasil, y que al igual que el “candombié”, está relacionado con las tradiciones religiosas afro-brasileiras. Este es un aperitivo que suele tomarse a la hora de la merienda, sobre todo en Bahía.

The second round of the TODAY culinary Olympics: Carolina Santos-Neves versus Paula DaSilva with Brazilian chicken croquettes and salt cod fritters.

Finalmente para ejemplificar la influencia europea, hablaré de un platillo que es considerado como el plato nacional de Brasil, la famosísima “Feijoada”.  Aquí es donde comienza mi aventura de este último viaje que realicé a Río de Janeiro y que quiero compartir con ustedes.

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La odisea comienza el día que tuve libre en la ciudad que es considerada por muchos el paraíso en la tierra, Río de Janeiro. Tuve oportunidad de reunirme con amigos locales de Río, los cuales nos invitaron a pasar un día de locura adentrándonos en una de las favelas más famosas de esta ciudad, “Vidigal”.

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Todos, alguna vez hemos oído hablar de las famosas favelas de Río de Janeiro, incluso hemos visto en muchas películas cuyas tramas acontecen en estos lugares, que comúnmente son relacionadas con pobreza, violencia y miseria. Sin embargo, también existen favelas, principalmente las ubicadas en la zona sur de Río que llevan muchos años siendo comunidades pacíficas con gente trabajadora que han convertido estos lugares en un atractivo no solo para turistas, sino también para los “cariocas” locales, tal es el caso de “Vidigal”

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Visitar este lugar es una experiencia que ningún turista o local puede perderse. Los nervios de adentrarte en una favela comienzan desde que nos subimos en el taxi que nos llevó desde el Hotel Fasano, donde estábamos hospedados, hasta el pie de la favela, ubicada entre los barrios de Sao Conrado y Leblón. Fue ahí donde empezó la sobredosis de adrenalina para los que visitamos esta sitio.  

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Es indispensable tomar los típicos moto taxis, los cuales te cobran 5 reales y de ahí la subida cuesta arriba hasta las entrañas de la mismísima favela. Créanme cuando les digo que es una aventura por si sola tomar este transporte, en los cuales a veces cierras los ojos de lo pequeños que son los espacios por los que pasan.

Finalmente llegamos al lugar, motivo por el cual escribo esta reseña, el restaurante Da Laje. La primera reacción que tuve al llegar fue pensar: ¿Dónde me vine a meter? pero el ambiente que se respira en el interior y la buena vibra de todos el personal hacen que disfrutes desde el primer segundo que pones pie en el restaurante. ok-kombi

Lo primero que hicimos fue bajar unas escaleras en el lugar que es de dos pisos, para ir a la parte baja donde se encuentra un pequeño recinto con mesas que es parte del restaurante un poco más formal. El espacio está rodeado por grandes ventanales que permiten observar la inigualable vista hacia las playas de Ipanema y Leblón, y es lo primero que observas al entrar.

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El menú ofrece varias opciones de platillos y bebidas típicas de Brasil y de Río, pero como era sábado, mis acompañantes locales no me dejaron ni ver el menú y no hubo opción más que pedir y probar el plato nacional, la Feijoada. Este platillo es comúnmente servido en los restaurantes de Brasil los días miércoles y sábado. Lo describo como un plato creado a base de frijoles negros (de ahí el nombre) combinados con carnes ahumadas, principalmente de cerdo. El suculento manjar se acompaña de harina de mandioca frita llamada “farofa”, plátano frito, col picada, arroz o naranjas. Durante el almuerzo aprendimos que este plato proviene de tiempos de la colonia portuguesa, e incluso se asemeja al “cozido à portugesa”.

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No hubo tiempo de postre, porque desde la parte de arriba se escuchaban las canciones en portugués y la gente bailando al ritmo de la samba, así que después del plato nos pedimos una típica caipirinha y subimos a disfrutar la música.

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Al subir las escaleras lo primero que ves es un grupo de músicos locales que te deleitan con canciones populares, ya que toda la concurrencia coreaba al ritmo de canciones como “Homem de Familia”, “Alô Porteiro”, “50 reais” o “Trem-Bala”, de las cuales me convertí en completo fan.

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Si te adentras más hacia la terraza puedes seguir disfrutando las increíbles vistas que ofrece el restaurante, así como seguir gozando de la música brasileña y las increíbles caipirinhas que te sirven y; por qué no, bailar al ritmo de una que otra samba. Es el sitio que todos los que viven y visitan Río de Janeiro no pueden perderse, ya que ofrece un espectáculo para los cinco sentidos. Si pudiera describir el Bar Da Laje en pocas palabras, diría que es una joya escondida en el paraíso terrenal.

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