Quizá, ya has escuchado varias veces sobre una especie de magia que se genera al lograr increíbles maridajes entre la vigorosa energía aromática y a la vez delicada finura que ofrece la champaña, y los sabores profundos que reafirman nuestra cocina mexicana.

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Pero, lo cierto es que esta cierta aura de misterio no tiene nada de particular, ni se sale de contexto. Por el contrario, todo tiene sentido a la hora de fusionarse los dos elementos en perfecta armonía, ya que parece establecerse un diálogo abierto y muy objetivo entre ambos.

Por una parte, sabemos bien que existe una magnífica relación bilateral desde hace muchos años entre Francia y México, sobre todo en los terrenos de la pintura, la arquitectura, la moda y la gastronomía. Incluso, históricamente hay registros que de alguna manera u otra el país galo ha hecho notar su presencia ante los mexicanos.

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Esto fue muy evidente durante la época del porfiriato, donde ya se bebía champaña a raudales so pretexto de cualquier celebración o acontecimiento, la arquitectura de la época fue decididamente afrancesada y la interrelación con el mundo del arte era estrecha entre los dos países.

Sin embargo, es en el factor gastronómico y la buena mesa donde mejor se manifiesta la tradición salida de las cavas, en ese diálogo casi mágico con la cultura culinaria mexicana, favorecido por el arte del maridaje.

Es así que podemos ver cómo las excepcionales tete cuvée de Armand de Brignac, despliegan toda la fuerza aromática de los viñedos franceses que les dan vida, respaldadas por el savoir-faire de trece generaciones de vitivinicultores de la familia Cattier, sus propietarios. Su bodega se ubica en la región Montagne de Reims, cuna de vinos de calidad inigualable

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Los expertos enólogos de la maison Armand de Brignac han comprobado plenamente y te sugieren -a ti que tienes paladar de sibarita- dos propuestas de menú que te van a encantar.

La primera, es maridar su icónica champaña Brut Gold, que fue el primer cuvée creado por la bodega, con un platillo clásico de la Baja Sur como es por ejemplo el callo de hacha con espinacas, que dejará en tu boca una explosión de sensaciones frescas provocadas por el producto de mar y la textura crujiente de las hojas verdes. Las ligeras notas dulces y cítricas de esta champaña proveniente de los varietales chardonnay, pinot noir y pinot meunier armonizan igual de bien con unas ciruelas en salsa de naranja como postre.

Otra opción afortunada para que te des todo un banquete suculento y muy sibarita, es maridar el Blanc de Noirs Assemblage Two de Armand de Brignac con un plato muy tradicional de origen entre Sonora y Chihuahua.

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Se trata de unas chuletas de cordero con especias, cuyos condimentos en mezcla de hierbas secas y chile rojo molido le dan toque picante y ahumado a la carne, que va muy bien con acordes frescos de pimienta y chabacano que persisten en el monovarietal de pinot noir presente en el cuerpo de esta champaña célebre y prestigiada, extraído de los viñedos de Bouzy, Verzenay, Chigny-les-Roses, Ludes y Rilly-la-Montagne.

Como acompañamiento de postre, se sugieren unos duraznos en salsa de canela cuyo dulzor sirve para destacar el potente aroma de las notas que componen el gusto de este Blanc de Noirs Assemblage Two.

Como verás, muy patente está el arte del maridaje en este ensayo culinario que confirma el sutil balance al fusionar dos champañas emblemáticas de la gama de colección de Armand de Brignac, con la variedad gastronómica que ofrece nuestro país al mundo.