Esta bella ciudad alberga a las ‘Chinas Oaxaqueñas’ que llevan la guelaguetza en sus canastas, que en Zapoteco significa regalo u ofrenda. Tradicionalmente, los pueblos de Oaxaca son devotos de un santo patrón y dedican sus actividades a un oficio específico como la creación de textiles, joyas o cerámica.

Provenientes de un pueblo de alfareros, ellas hacían pequeñas piezas de cerámica con ojos pequeños. Con el tiempo, los locales le empezaron a llamar ‘chinitas’ a esas piezas de cerámica y por añadidura Chinitas o Chinas a las mujeres que las vendían. De ahí el nombre.

Como parte de las festividades anuales están peinadas con trenzas decoradas con listones, vestidos coloridos y bailando al ritmo del Jarabe Del Valle. El área en donde viven los hablantes es muy montañosa; tiene una elevación de aproximadamente 2000 metros y es hermosa por los pinos y ocotes, los ríos y las peñas.

Ser alegres y sonrientes va muy ligado con la esencia de los oaxaqueños y las chinas oaxaqueñas, son las encargadas de portar alegría a las fiestas patronales. Cada barrio tiene a su santo patrono para darle rienda suelta a la fiesta. Pero dos días antes de celebrar al patrono, se lleva a cabo la antevíspera, y se hacen las famosas calendas. Se trata de una gran celebración en donde se reúnen todos los fieles precedidos por las chinas bailadoras.

Además están los tradicionales coheteros, monotes, marmotas, faroleros, música de banda, un carro alegórico y otros personajes que traen la alegría incrustada en la piel.

Las Chinas llevan una canasta en su cabeza y bailan al ritmo de la música, invitando a todo el pueblo a la fiesta. Conforme avanza la procesión se visitan las casas de devotos católicos Ellos obsequian anotjitos, tamales y mezcal a los visitante y todo aquello que no se han consumido, las chinas lo colocan en sus canastas para distribuirlo a la gente.

Para descubrir más de su fascinante historia, Luisa Serna y Abelardo Marcondes, tomaron la nueva híbrido Aviator de Lincoln como parte del road trip ‘Vive México’, para transportarse hasta la ciudad de Oaxaca y conocer más acerca de esta tradición. Parte de su misión, consiste en redescubrir nuestro bello país lleno de historia.

Karen Ruíz, China Oaxaqueña, nos contó que los trajes de hombres y mujeres son variados y cambian en cada época del año, las mujeres no pueden dejar de portar un rebozo, el cual tiene múltiples usos. Los Tlacoyales, estructuras textiles en forma de trenzas de hebras gruesas, representan la zona árida como parte de la cultura. El huipil representa muchas figuras como la Cosmogonía o creencias sobre el origen del universo, las figuras triangulares son sinónimos de mariposas, que representa el vuelo. ‘Nos guiamos mucho por el sol. Creemos en las sorpresas del universo y el cosmos, basamos la prosperidad y los cultivos  con la sincronía del universo’, menciona.

Lizeth Ortíz, mostró su traje proveniente del istmo de Tehuantepec, un huipil de lana que por debajo mostraba tela bordada con flores en tamaños y formas. Los tocados de flores naturales tienen un significado especial ‘de lado izquierdo de la mano representan soltería y del lado derecho que estas casada’, afirma.

Miriam y Carolina Tapia, representan la región del Valle, un traje con mucho significado compuesto por blusa y falda. La blusa representa las flores y maguey de la región. Una bebida sagrada para la comunidad, el cual se utiliza solo en ocasiones especiales. Los habitantes aprenden a tocar instrumentos o a bailar antes que vayan a la escuela, las mujeres se dedican a bordados y los hombres a labores como carpintería. No hay Chinas iguales. Los bordados y joyas también varían. Son 18 figuras que conforman la falda. Todas son de origen católico y la fe. El baile dura 15 minutos. Ellas toman unas canastas que pueden pesar hasta 25 kilos.

Síguele la pista a viaje por Puebla y Oaxaca de Vive México, donde marcas como Lincoln apoyan la difusión cultural del país.