Durante una presentación con un desayuno celebrado en el restaurante Cipriani de la Ciudad de México, conocimos a detalle el proyecto de Costa Careyes, un destino paradisiaco ubicado en una exclusiva región del Pacifico en el estado de Jalisco.

Para conocer los pilares de este desarrollo, conversamos con Giorgio Brignone, hijo de Gian Franco Brignone, fundador de este proyecto que comenzó en 1968 cuando, habiendo amasado una fortuna como banquero en París, decidió buscar un rincón del mundo en donde retirarse.

Gian Franco soñaba con un lugar virgen que pudiera desarrollar desde cero, siguiendo el ejemplo de amigos suyos que habían hecho algo parecido en Costa Esmeralda, Cerdeña. Volaba una pequeña avioneta de una sola hélice con su amigo Luis de Rivera, quien le insistía que viera una zona idílica que había oteado entre Manzanillo y Puerto Vallarta.

Cuéntanos Giorgio, ¿cuál es el distintivo de este paradisiaco destino y cómo ha avanzado desde 1968?

La proyección es siempre con los mismos contenidos, primero yo diría respeto a la naturaleza y seguir viviendo en medio de la naturaleza, significa que cualquier cosa que vayamos a construir, la planificación debe estar hecha en base a la naturaleza. Incluso haceos caminos y dejamos árboles en medio. El respeto a la naturaleza también en sus vistas, porque Careyes es un lugar de vistas.

Segundo punto, es a nivel arquitectónico. No necesariamente arquitectura contemporánea, sino diferentes estilos que se encuentran.

El tercero es su gente, sus habitantes y visitantes, que tienen un nivel cultural para entender un lugar como Careyes; entre los socios hay 42 nacionalidades, entonces siempre encontrarás una diversidad cultural muy interesante.

¿Cuáles son las actividades imperdibles para una primera visita en Careyes?

Definitivamente un paseo en barco, pescas y al mismo tiempo conoces la costa.

Un masaje en alguno de los lugares bonitos adecuados para la experiencia.

Ir a ver la Copa del Sol, que es una obra espiritual en un lugar maravilloso.

Caminar en Teopa, que es una paya maravillosa de 5 kilómetros y ahí se puede correr con la suerte de ver a la tortuga endémica en una temporada de agosto a enero.

Tomar una margarita y ver la puesta del sol, todos los restaurantes tienen una espectacular vista al mar.