Texto de Emilio Farfan

Ni el mismo Giuseppe Cipriani se imaginó que el pequeño local de tan sólo 50 metros, en ese entonces, que abriera en 1931 sobre la Plaza de San Marcos en Venecia, se convertiría en todo un clásico referente de la cocina veneciana.

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Ochenta y seis años, cuatro generaciones, personajes y mucha historia han visto pasar por sus instalaciones el famoso Harry’s Bar, que sin duda es un must de todo aquel visitante que se jacta de ser un conocedor de la buena gastronomía y la alta calidad.

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Hoy día, el grupo dirigido por sus herederos, Arrigo, Giuseppe, Ignazio y Maggio Cipriani, conforman una cadena de restaurantes en diversos destinos a nivel global que son muy reconocidos bajo el sello de este apellido elevado a la celebridad, por mantener siempre la más alta calidad en su cocina.

La Ciudad de México tiene la fortuna de contar con una sucursal en plena avenida Masaryk en Polanco de este prestigiado templo del buen comer, gracias al empeño y esfuerzo de la familia Helfon, socios de la firma por la parte mexicana.

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Para revivir sus platos más clásicos, su gerente operativo, Franceso Avogaro, Donato Caccavelli, el chef ejecutivo, y todo el equipo de Cipriani México, organizaron la primera de sus Classic Nights en uno de los salones privados de la terraza del establecimiento.

Poniendo todo mi espíritu goloso para dejarme deleitar por sus creaciones icónicas empecé con la primera grata sorpresa de la noche: el tradicional Carpaccio de res “alla Cipriani”. Esta fue una de las primeras recetas que el fundador creó y pronto hicieron famoso al Harry’s como favorito de nobles y celebridades, al igual que el popular ‘Bellini’, el trago de la casa recreado desde los comienzos y que hasta hoy nadie se quiere perder. Nosotros lo acompañamos también con champaña y la combinación me atrevo a decir, es perfecta.

Luego, llegaron la Baccala mantecato, una especie de brandada de bacalao exquisita y los aclamados Tagliolini Bianchi y el Risotto ‘alla primavera’. Entre los platos fuertes, dos recetas de toda la vida en Cipriani no podían ser menos que  cautivadoras, el hígado de ternera ‘alla veneziana’ y el Robalo ‘alla Carlina’.

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El cierre perfecto fueron los postres más solicitados y referenciales, el helado de vainilla ‘alla Minute’ y el Vainilla merengue. No cabe duda, la calidad se impone, y más cuando se trata de una propuesta de cocina que destaca por su carácter, tradición y esencia de lujo y exclusividad.