San Miguel de Allende celebró su primera Semana Internacional GEMA, que incluyó ramos como la Gastronomía, Enología, Mixología y Arte y, durante cinco días, la ciudad Patrimonio de la Humanidad se convirtió en un gran restaurante, en un gran bar y en una galería a cielo abierto a la vez.

La idea, apoyada firmemente por CANIRAC San Miguel de Allende, bajo la presidencia de Héctor Aguilar Uriarte, con respaldo del Municipio y del Estado de Guanajuato, fue clara: crear la quinta semana más importante del año para San Miguel, además del Año Nuevo, Semana Santa, 16 de septiembre y Día de Muertos, y en plena temporada baja.

Más de 25 activaciones repartidas por toda la ciudad, 270 prestadores de servicios involucrados, 150 habitaciones en cortesía para chefs y prensa y una derrama estimada de 350 millones de pesos fueron el resultado de una organización bien estructurada que, en su primera edición, sorprendió y superó todas las expectativas.

Más allá de las cifras, GEMA funcionó porque no se sintió como una feria; más bien, se trató de una mejor versión de San Miguel. En este caso, sabemos que hay festivales que se encierran en un recinto, mientras que otros toman una ciudad completa. Así fue GEMA.

Explorando cada día

GEMA arrancó en el Viñedo San Lucas, con la asistencia de infinidad de personalidades al cóctel inaugural y la participación de la artista principal del festival, Cecilia García Amaro, quien expuso y realizó una intervención en vivo; una cata magistral de vinos de la bodega anfitriona y mixología con vinos guanajuatenses a cargo de Yuranzi Silva. Asimismo, la parte gastronómica incluyó degustación de almejas frescas del chef ensenadense Diego Hernández Baquedano; quesos y embutidos por parte de …; cena con platillos de cocineras tradicionales; concierto Plenilunio; y un show de drones sobre la parroquia, que fue todo un manifiesto.

Otro día fue de foros, con sede en el Hotel Pueblo Bonito Vantage, que concentró paneles y masterclasses simultáneas con chefs, mixólogos, enólogos y cocineras tradicionales. Hubo un espléndido almuerzo en Alquimia y luego las primeras cenas de autor, que fueron el corazón del festival.

Manolo Baños, de Pitiona (Oaxaca), estelarizó la cena en Boca Ciega. Desde Tulum llegó José Luis Hinostroza, con propuestas de sus restaurantes Arca y Mira, para encabezar la escena culinaria en La Baha by Aruma. La noche culminó con la Ruta Bar Hopping por 13 bares, con 13 cócteles insignia. Todo un maratón de tragos de San Miguel servidos en vaso corto.

En la tercera jornada se respiró una atmósfera más local. Empezando con desayuno en la histórica Hacienda Las Flores; algo de tiempo libre para ver la expo de Cecilia García Amaro en Atrio; comida norteña en Botanero Moritas y, a la caída de la tarde, en uno de los momentos más comentados, hubo mixología y pasarela de diseñadores locales en Tonana.

Después, Esteban Lluis, de Damiana del Valle de Guadalupe, recibió en Clévia con maridaje guanajuatense, otro round de Bar Hopping y after party en Gen X con barra libre, para disfrutar sin culpa.

El día con el programa más largo comenzó con un desayuno en Raíces con Vanessa Romero y su homenaje a la cocina mexicana de memoria. Luego, la visita al Mercado del Vino en el Jardín Principal, que fue el gran acierto popular, con presencia de bodegas de Guanajuato y productos regionales.

La continuación fue una pool party y mixología de autor en Amelia Day Club y las dos cenas que se pelearon el sold out: la de Óscar Torres, de Animalón del Valle de Guadalupe, que se llevó a cabo en Aperi, y la de Zayr Huescas, de Casa de las Brasas y El Maldito, en Garnacha. El cierre estuvo a cargo de Midnight Society, en San Francisco Steak House.

La despedida no pudo ser mejor… Un suculento brunch en Hacienda El Santuario, con cocineras tradicionales, y, al final del día, la fiesta de clausura en Casa Dragones, donde hubo barra de ostiones, cócteles de la casa, ambiente prendido con el DJ Hyde Clip y una botella vestida de espejos que se volvió el photocall más cotizado de todo el festival.

GEMA estableció un ejemplo a seguir… Por primera vez, San Miguel no centralizó su oferta total en un solo lugar, sino que aprovechó lo mucho que tiene para ofrecer: hoteles como el Real de Minas, Amatte y Los Picachos; restaurantes como Raíces, Alquimia y San Francisco; bares como Gen X; y espacios como la Fábrica La Aurora y Atrio. Y los abrió a públicos locales con consistentes descuentos, que es lo que siempre se reclama en este tipo de festivales.

San Miguel ya era la Mejor Ciudad del Mundo, según Travel + Leisure. Ahora también quiere ser su mesa más larga y, con esta primera edición, va ya muy cerca en el camino. Como comentó Claudia Ramírez, presidenta nacional de CANIRAC: cada platillo cuenta una historia y, en GEMA, cada copa también.

Por Emilio Farfan

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