¿Tienes problemas para dormir en la cuarentena? No eres un caso aislado, hay quienes están soñando más de lo habitual. Otros reportan sueños más largos, vívidos y reales. Hay quienes sueñan con personas que no ven desde hace años. Y tampoco faltan las pesadillas de tintes apocalípticos.

Está comprobado que aislamiento limita la cantidad de estímulos a los que nos exponemos. La imposibilidad de salir nos arrebata los estímulos exteriores, la interacción social y la actividad física, por lo que podemos entrar en una especie de estado de hibernación. Podemos sentirnos más apáticos, deprimidos, cansados y somnolientos.

No tener que seguir un horario de trabajo también contribuye a que durmamos más. Como resultado, pasamos más tiempo en la fase REM, que es donde soñamos. Por eso en estos tiempos muchas personas sueñan más y tienen sueños más largos. Al despertarse tendrán la sensación de que han estado soñando toda la noche.

La falta de estímulos externos también puede hacer que nuestro cerebro intente llenar esas ‘lagunas’ o espacios con unos sueños más ricos y vívidos. Si no tenemos aventuras en el mundo real, nuestro cerebro las suple con aventuras en los sueños. Además, al no existir recuerdos biográficos que compitan por su atención, cuando nos despertamos es probable que recordemos mejor lo que hemos soñado.

A más estrés, más pesadillas

Tenemos las emociones a flor de piel y eso terminará configurando el contenido de lo que soñamos, transparentándose de una manera u otra en nuestra narrativa onírica. No es casual que el 80% de las personas que padecen un trastorno de estrés postraumático tengan pesadillas frecuentes y el contenido de las mismas gire en torno a esas vivencias negativas, como comprobaron investigadores de la Universidad de Pittsburgh.

Ahora mismo, algunos de nuestros sueños están llenos de temores tan ancestrales como el miedo a enfermar o a la muerte de nuestros seres queridos. Los sueños no se nutren únicamente de nuestras experiencias diarias, sino que también son el lenguaje del inconsciente.

Los momentos en los que nos invade el sueño, o las horas a las que sentimos hambre dependen de dos factores: un reloj biológico interno que es quién nos dice cuándo hemos de dormir y cuándo comer y unos sincronizadores, que son aquellos estímulos o hábitos que cada día ponen en hora nuestro reloj.

Si queremos evitar que el tema de la pandemia nos quite el sueño y que los ritmos de nuestros hijos se vuelvan caóticos, hemos de adoptar como objetivo prioritario el de potenciar estos sincronizadores perdidos, y todo ello, quedándote en casa.

¿Qué podemos hacer?

El reloj biológico, el sueño y el estado de ánimo de los más pequeños de la casa se beneficiará si somos capaces de trabajar con ellos en la consecución de tres objetivos complementarios.

Se  recomienda mantener unas mismas rutinas respecto a los horarios de sueño (especialmente del despertar), de comidas, de actividad física, de los momentos dedicados al trabajo escolar y al ocio. Además, en una situación tan especial como esta, en la que no hay un horario rígido de entrada al colegio, los horarios de sueño se pueden adaptar ligeramente a las tendencias naturales de los hijos, pero eso sí, manteniendo siempre un horario estable y razonable.

El segundo objetivo es exponerse a luz natural durante al menos dos horas al día (por ejemplo, desayunando o jugando junto a una ventana bien iluminada). Durante el día, especialmente en las primeras horas de la mañana, evitar tareas pasivas (ver la TV, usar el teléfono). En estas horas es mucho mejor activar el cuerpo fomentando actividades que requieran una activación mental (hacer deberes, lectura o pasatiempos) o de ocio compartido y movimiento.

El tercer punto consiste en que al menos una hora antes de acostarse es mejor crear una rutina relajante para “desconectar del día” en un ambiente con poca luz y ruido. Es fundamental desayunar y evitar abusar entre comidas de bebidas y comidas excitantes como el chocolate o los refrescos de cola, sobre todo, por la noche.

Quizá podamos utilizar estos largos días de confinamiento social, en los que tanto tiempo vamos a pasar en casa, conviviendo con la familia o con uno mismo, para aprender a organizar mejor nuestro tiempo y así conseguir que la situación actual no nos haga perder el sueño, ni la cabeza.

¿Cómo han sido tus sueños últimamente?