La creadora japonesa encontró inspiración y sentido existencial en el buceo y en la relación con los animales marinos. La apnea cambió su vida. Y le dio dos récords Guinness. Ai Futaki habla español porque vivió varios años en México. Además, le atrae más la cultura latina que la japonesa.

A los 22 años, la japonesa Ai Futaki cayó en una profunda crisis existencial. Fue gracias a esa catarsis donde pensó qué podía rescatarla del abismo, buscando alguna satisfacción a lo largo de su vida; y dio con una respuesta tan elemental : ‘El agua’.

Su relación con el agua empezó a los tres años cuando su madre la inscribió en clases de natación. Toda su vida había practicado deportes acuáticos. Haciendo fotografías y vídeos bajo el agua se sintió bien. Más tarde se mudó a México y siguió enganchada al buceo, todavía con tanque de oxígeno.

En Cuba y en California estudió cine documental. Con 22 años seguía sin encontrar su lugar en el mundo. Su abuela murió y ella entró en una depresión. Había dejado de nadar hacía tiempo, pero tuvo la intuición de que para salir de su agujero mental tenía que volver al agua.

Su carrera submarina ha sido muy exitosa. En 2011 registró su nombre en el libro Guinness por ser la mujer que había buceado a pulmón la distancia más larga (90 metros) sin ayuda de aletas, récord que conserva. También logró el récord con aletas (100 metros), pero en ese ha sido superada. Ha trabajado en documentales para canales como Discovery Channel o la televisión pública japonesa NHK.

Ella cree que si antes de nacer ya estuvimos sumergidos en un océano, dentro de nuestra madre. Estar en agua es regresar a nuestros orígenes. Sugiere que vivimos en una desconexión de nuestra naturaleza urge ‘la vuelta a la matriz’; un entorno líquido en el que ‘no haya pasado ni futuro, solo presente, como en el yoga o la meditación’.