Suena la alarma. Abres los ojos. Te bañas. Te vistes mientras ya estás pensando en tus pendientes del día. Vas a a la escuela o trabajas para ser alguien exitoso porque la sociedad o tus creencias te dicen que tienes que serlo. Hay que ser el mejor, además de lucir increíble y tener casa propia ¿Te suenan estas demandas?

Nos enseñaron que si no estamos ocupados todo el tiempo, que si no tenemos un gran puesto o el carro perfecto, no hemos logrado nada. Lo que no aprendemos, a veces, es a lograr asimilar qué cosas queremos personalmente y qué nos hace felices y qué no. Hay que dejar de pensar colectivamente.

Para lograr el autoconocimiento hay que desconectarse. También ponerte en ‘modo avión’ te llevará al anhelado éxito.

Nos exigimos tanto y quedamos expuestos a un acelerado ritmo de vida, que lejos de ayudar y potencializar nuestro crecimiento, puede llegar a frenarlo con alguna enfermedad y con agotamiento.

Algunas de consecuencias de no aprender a desconectarnos del trabajo pueden ser: mal humor, insatisfacción y frustración personal, altos niveles de estrés, afectación en las relaciones personales, preocupaciones, agotamiento intelectual, sensación de vacío y soledad e incluso molestias físicas.

No eres una máquina

Es importante que entiendas que tu cuerpo y mente se cansan. Para que no sufras las consecuencias de estar conectado permanentemente al trabajo, te compartimos algunas de las actividades que me han permitido disfrutar de las demás cosas que me rodean:

Desconéctate de cualquier gadget

Estar conectados permanentemente al Internet, al correo electrónico, a las redes sociales o simplemente estar disponible en el teléfono celular son, en la actualidad, los principales factores que nos mantienen siempre a disposición de situaciones laborales. Dile adiós a la tecnología por lo menos un par de horas al día y olvídate de todo lo laboral.

Prémiate cada vez que logres algo

Puedes premiarte con tu platillo favorito o un postre; compra tus flores favoritas; puedes ver tu película favorita o puedes regalarte un paseo en fin de semana, etc. Lo más importante es que durante ese tiempo de disfrute no hagas nada que tenga que ver con el trabajo. Tal vez descubrirás cosas como que tiene dos años que no ibas al cine o que devoras tus alimentos sin disfrutar el sabor que más te gustaba de niño.

Pláticas reales, no virtuales

Incluso, durante la jornada laboral, puedes disfrutar de conversaciones que nada tengan que ver con el trabajo, sólo busca el momento propicio. Conversar con tus familiares más cercanos sobre su día es una excelente forma de relajarte y disfrutar un buen rato alejado del trabajo. Seguro te darás cuenta que necesitas más tiempo para platicar con alguien y menos tiempo para el trabajo.

Vive nuevas experiencias

Siempre queremos inscribirnos en alguna clase de cocina, pintura, baile o de fotografía que, por falta de tiempo, dejamos en el olvido. Si no te das un tiempo para ti no podrás despejarte de tu rutina.

Muévete

Aunque no seas un atleta, siempre puedes ejercitarte. Las actividades deportivas pueden ayudar a liberar el estrés, sin embargo, son de las primeras cosas que se sacrifican cuando el trabajo nos absorbe. Dedica por lo menos 30 minutos de actividad física al día o en su defecto, cada tercer día. Si no tienes preferencia por alguna actividad deportiva, basta con caminar durante 30 minutos.